Protagonistas
Mónica Carranza
La re significación tiene nombre de mujer


[ 27/7/2012 ]

Eugenia Plano

Corresponsal en Argentina – www.vidapositiva.com

Viernes 27 de julio 2012

“¡Una cosa es hablar de hambre, y otra cosa es sentir hambre!”, lo decía con todas las letras, para que al poder le quede claro que legitimar discursos en nombre de la pobreza, no es noble, no es válido, sino una falta de respeto. Así, era Mónica Carranza, un emblema de la honestidad. Fue la creadora del comedor “Los cara sucias”, una obra que hoy educa, alimenta, contiene y resguarda los sueños de cientos de niños. Por qué Mónica soñaba muy alto, su objetivo no sólo fue cubrir las necesidades básicas de sus caras sucias sino ayudarlos a no repetir la historia de sus padres y a convencerlos con hechos que el dolor se puede transformar en la construcción de una biografía de éxito. El padecimiento puede ser una herramienta que revierte en solidaridad. Es inolvidable cuando la vida exhibe la coherencia en su máxima expresión. No es frecuente encontrarse con personas como Mónica Carranza, quien sólo hablaba a través de sus acciones. Sus palabras sólo eran vehículos para explicar que nadie tiene el derecho ni la razón para hacernos creer que algo es imposible. Sus esperanzas no tenían límites.

“Cientos de veces me he preguntado: “Por qué le das de comer a los chicos de la calle? Y cientos de veces intenté explicar esta obsesión mía por ayudarlos que podría resumir contestando: “Nunca se han cerrado mis heridas y jamás voy a olvidar el infierno que he pasado en la calle”. Por eso Los Carasucias“, así Mónica explicaba como le era imposible pensar en un mundo sin solidaridad. Ella fue quien eligió hacer por los otros lo que no hicieron por ella. La creadora de los Carasucias era oriunda del barrio de Parque Patricios, en el seno de una familia de muy bajos recursos. Eran 11 hermanos, y cuando Mónica tenía 9 años, su padre fallece. Su destino desde entonces cambió para siempre:“Nuestra pobreza se agudizó, y no sé cuáles fueron los motivos, sólo sé que un día vinieron a buscarnos con un micro y nos dijeron que íbamos al zoológico, cuando en realidad nos fueron dejando en diferentes institutos”. Mónica definía aquel momento junto a sus hermanos como la “jauría humana”, pasaban las noches abrazados, juntos, pensando que quizá eran sus últimos momentos juntos. Finalmente, junto a dos de sus hermanas fueron internadas en un correccional de San Miguel. “Es imposible comprender que por el solo hecho de no tener papá y ser pobres nos encerraron en un correccional, pero un día logré escaparme y comencé a vivir en la calle”, recordaba Mónica aquel instante en el cual siendo una niña ya no tuvo techo en ninguna parte.

Parte de su niñez y adolescencia estuvieron signadas por el hambre, por no tener un sitio donde dormir, un techo, y uno de sus mayores dolores no era la indigencia en si misma sino la indiferencia. “Cuando dormía en el umbral de alguna casa y era ignorada por las personas que pasaban yo pensaba: como me gustaría ser grande para ayudar a los chicos como yo” . No había rencor contra los otros, había un enorme corazón que sólo esperaba la oportunidad para ayudar a niños como ella. Mónica nunca asistió a la escuela. Conoció un hogar muy precario hasta los 9 años de edad y a partir de entonces ella relata su existencia: “en la calle fui violada, pasé hambre y frío, y muchas veces golpeé puertas que nunca se abrieron. Vivía casi como un animalito, como crecen esas plantas silvestres, soportando todo tipo de vejaciones”. Pero, un día sucedió lo que Mónica rescata como el hecho que le salvó la vida, el amor. Conoció a su compañero, quien la ayudo a creer que todos esos sueños que vivían en su alma eran posibles y así su historia se puso de pie.

“Logré formar una hermosa familia, con un compañero que me ama, un hijo que estudia, una hija casada y un nieto. Recuerdo que en aquellas noches de hambre y frío en las calles siempre soñaba con un hogar, con sábanas y alguien que me acariciara y se que Dios que siempre me escuchó y me ayudó, me ha premiado”. Mónica no se adjudicaba a sí misma los grandes logros que signaron su vida y la de cientos de niños. Sólo daba gracias por haber sido capaz de resignificar el dolor. Tras dos décadas de darles techo, alimentación, salud y una mamá a los chicos de la calle , Mónica muere el 28 de diciembre de 2009. Hoy Los Carasucias sigue su legado, y todavía anda cambiando el destino y construyendo futuro.

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