[ 12/7/2012 ]
Eugenia Plano / corresponsal en Argentina / www.vidapositiva.com
12 de julio 2012.
La organización instaló en Plaza Francia, en el barrio de la Recoleta, un “Modelómetro”, una instalación que permitió medir y comparar las medidas corporales entre una modelo y una mujer promedio en la Argentina. La iniciativa forma parte de una campaña, que encabeza Anybody, con el fin de reclamar que todas las tiendas del país cumplan con la Ley de Talles.
Esta norma ya se encuentra en vigencia en el país y exige a los locales de indumentaria la venta de prendas en todos los talles. Pero, ¿hecha la ley, hecha la trampa? ¿Cuántas tiendas argentinas respetan la ley?
'Actualmente no hay ninguna tienda en Capital que cumpla 100% la Ley de Talles. Tampoco la hay en provincia de Buenos Aires', explica la directora de comunicaciones de Anybody Argentina, Ashley Baldwin, en una entrevista con C5N. Por su parte la presidenta de la organización Sharon Haywood, informa que 'en Provincia la ley dice que hay que tener desde el talle 38 hasta el 48. En Capital piden 8 talles pero no especifica cuáles son”. Es decir, en la Ciudad de Buenos Aires, al no especificar el número de las tallas, éstas pueden comenzar por uno muy pequeño como el 22 y su tope es el 38, excluyendo los talles superiores a éste. Pero, “la ley se cumple” porque cuenta con los 8 números exigidos.
En este contexto, sólo el 30% de las argentinas consigue ropa de su talle y el otro 70% queda excluido de la mayoría de las marcas de todo el país.
'Queremos una ley de talles inclusiva y coherente para garantizar que todas las mujeres de cuerpos promedio, es decir, las que usan talles que van del 38 al 52, puedan acceder a ropa de moda sin vergüenza, rechazo o discriminación', explicó la presidenta de la ONG Anybody y una de las responsables de este estudio.
La frustración de no poder acceder a la indumentaria que se desea es aún peor en las adolescentes, cuya identidad todavía se encuentra en formación, y el modelo propuesto social y culturalmente es el de un cuerpo inalcanzable y absurdo. Haywood considera que la dictadura del cuerpo extremadamente flaco, es absolutamente negativo para el crecimiento de las niñas y mujeres jóvenes y además, “contribuye a una crisis nacional de salud”.
La relación de los argentinos con su cuerpo
La presidenta de ONG Anybody, no se equivoca. La ausencia de talles reales en la en el país, es sólo la punta del iceberg de una problemática nacional. Según se informó en el último Congreso Mundial de Psiquiatría, realizado en el 2011, Argentina se ubica en el segundo puesto del ranking (sólo detrás de Japón) entre las naciones más afectadas mundialmente por los trastornos alimentarios.
Dato que habla de la relación de los argentinos con el cuerpo y el peligro de este ideal sobre la salud física y mental de los niños y adolescentes. Aunque todavía no se ha realizado un estudio que explique específicamente por la Argentina es uno de los países líderes en trastornos alimentarios, la especialista en el área, la Dra. Juana Poulisis, en declaraciones a Clarín, realiza un análisis del fenómeno especialmente en su incidencia sobre los adolescentes: “Desde los años setenta, la industria de la moda y del entrenamiento potenciaron la búsqueda de la delgadez como ideal de belleza. La pretensión de ser flacos a cualquier precio alcanzó con más fuerza a los adolescentes. Ellos, en el proceso de afianzar su identidad y también bajo la influencia de factores genéticos y de la historia familiar, son vulnerables. En los adolescentes comenzó a extenderse la obsesión por llegar a un peso utópico. Suelen verse gordos y feos, nunca sienten estar en el peso deseado y al buscarlo pueden caer en prácticas que traen un deterioro físico irreversible”.
Las últimas décadas fueron protagonistas de modelos corporales irreales y se han creado nuevas pautas culturales y sociales que han naturalizado la delgadez extrema como patrón de belleza. El peligro de la naturalización de una conducta es que si ésta es nociva se convierte en “normal” y este mensaje no es sólo adoptado para si mismo sino que se trasmite hasta a los propios hijos.
“Empecemos por desterrar nuestras obsesiones y por el cambio de ciertos hábitos. Hay que detenerse a pensar cuántas veces estamos pendientes del espejo, de la balanza, de las calorías. Si prestamos atención probablemente nos sorprendamos juzgando a alguien por su aspecto con más dureza y frecuencia de lo que imaginamos. Y esa vara que aplicamos a los demás es la que usamos para nosotros y para los chicos. Sin nuestro ejemplo, los chicos nunca se hubieran puesto a pensar a los seis años si tienen panza o si están flacos o gordos. La comida no debe ser la vara de premios y castigos. Quien prohibió el chocolate como penitencia o lo usó como incentivo eligió el camino equivocado. La comida es imprescindible y no puede transformarse en vehículo de nuestro miedo, de nuestro enojo, de nuestra tristeza. La comida no debe ser la única preocupación de la vida“, advierte la Dra. Juana Poulisis.
Pero, ¿por qué estamos frente a una época que enferma cada vez más su cuerpo y la Argentina es una de sus protagonistas a nivel mundial? La especialista, brinda una definición que bien podría relacionarse a la identidad de los argentinos: la baja autoestima. “Existe un factor común en el relato de los pacientes: la evidencia de una baja autoestima. Tienen un grado bajo de aceptación y autovaloración. Cuanto mayores sean nuestros ideales y expectativas, más lejos estará la posibilidad de alcanzar la meta y habrá más frustración y menos valoración positiva. El hecho de que nuestra apariencia se encuentre lejos de parecerse a esa imagen ideal nos ubica en un lugar de mayor insatisfacción con nosotros mismos. Y digo nosotros mismos y no con el cuerpo, porque al sentir desprecio por lo que vemos, experimentamos desprecio por nuestra persona. A mayor autoexigencia menor autoestima. Hay que esforzarse para lograr algo apreciado, pero atendiendo a nuestras posibilidades, sin aspirar a metas inalcanzables”.
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