Entrevista a Fernando Noailles: «Cuando una persona sabe gestionar sus emociones, convierte en hábito la capacidad de ser feliz»

«Quizás, si todos nos convirtiéramos en susurradores de caballos el mundo cambiaría. Quizás si utilizásemos las manos para acariciar, la voz para besar en vez de herir, el mundo sería nuestro perdido paraíso», Fernando Noailles



Hay sucesos en la infancia que mientras ocurren pasan desapercibidos para los ojos adultos. En la vida de los “grandes” aquellas pequeñas cosas suelen tornarse irrisorias e invisibles, la rutina se vuelve paisaje, las emociones se esconden atemorizadas ante la mirada de los otros y la imaginación es una postal de otros tiempos.

Para un niño, la acción y la palabra de cada día son un desafío, las emociones son inevitablemente auténticas y ni siquiera se esconden cuando duermen porque los sueños se viven con los ojos abiertos.

Un adulto jamás debería olvidar quien fue de niño porque en aquellos sueños está la vocación de ser verdaderamente grandes.

La historia de Fernando Noailles es la de un hombre que supo reivindicar, cuidar y enaltecer el alma y el corazón del niño que fue y convertirse en un adulto a la altura de sus sueños.

Cuando era muy pequeño miró a los ojos a su vocación. Uno de sus primeros obsequios fue un caballo, y en ese ser noble y compañero encontró el sentido de su biografía desde la más temprana edad.

Desde su experiencia, descubrió que los caballos además de su objetivo de sobrevivir se regían a partir del deseo y el anhelo máximo de todos los seres vivos: ser felices.

Cuánto más conocía del mundo de los caballos, más quería comprender y aprender sobre el lenguaje de estos animales, sus estructuras sociales, sus funciones y sus comportamientos que develaban su nobleza e integridad.

La Patagonia argentina fue el escenario de su aprendizaje domando caballos salvajes. Su gran maestro fue un empleado de la finca de su padre, descendiente de indígenas quien le enseñó a comunicarse con los caballos a partir de la interacción en valores como la gratificación, la sencillez y la nobleza.

Hoy Fernando es el máximo referente en el entrenamiento emocional con caballos. Desde el año 2000 se encuentra radicado en España, y además de brindar capacitaciones, conferencias y seminarios internacionales, Noailles cambia el destino y las biografías de quienes más necesitan contar con la oportunidad de vivir en valores y educar sus emociones.

Fernando brinda cursos de entrenamiento emocional a detenidos en distintas cárceles españolas, a niños en condición de pobreza y exclusión y a pacientes internados en hospitales psiquiátricos.

VidaPositiva tuvo el honor de entrevistar a Fernando Noailles y conocer en primera persona al hombre que ha cambiado el destino de cientos de personas.

¿Cuál fue su principal motivación para comenzar una trayectoria en el entrenamiento emocional con caballos?

Todo comenzó en la Cárcel de Alcalá Meco, en España, con detenidos de alta y mediana peligrosidad. Cuando fui convocado, mi idea era dar un curso titulado “La relación del hombre y el caballo”, sin preveer el impacto y la significación que esta experiencia iba a tener sobre mi vida.

¿Qué sucedió allí que cambió su vida para siempre?

El curso comenzó con la explicación sobre qué es un caballo en relación con la naturaleza, su identidad gregaria, cómo vive en la manada, su nivel de comunicación, jerarquías y su forma de vida en el marco de sociedades con leyes, normas y un tipo específico de organización.

Así, comencé explicándole a los detenidos cual es la manera que tienen los caballos para comunicarse, siendo en realidad una forma de interacción muy parecida a la de los seres humanos, es decir, a través de las emociones.

¿Cuál fue la reacción de los internos ante tus palabras?

Mientras explicaba esta teoría observé como cada uno de ellos escuchaban con tal nivel de atención que el interés y la emoción que me transmitían era conmovedora. Durante los 15 días que duró el curso sentí tal compromiso por el interés suscitado que me centré en los aspectos que más los habían emocionado.

Cuando terminó el curso, se realizó una entrega de diplomas en el patio del penal. Al finalizar la ceremonia, observo que se dirige hacia mi el director de la cárcel y me dice, “Fernando quiero saber que ha pasado aquí, qué ha sucedido, porque es la primera vez en toda la historia del servicio penitenciario que hay asistencia perfecta y absoluta en una actividad desarrollada en la cárcel”. Es decir, el director quería saber como había sido posible que por primera vez en cientos de años del sistema carcelario fue la única vez que se había producido tal nivel de atención e interés y además, hizo especial hincapié en el hecho que aquellos detenidos que tenían permiso de salida decidieron quedarse en la cárcel para no faltar al curso ni un solo día. Es decir, había pasado algo mágico y profundamente especial en ellos y en mi.

¿Cuál fue la reacción de los detenidos durante aquel último día del curso?

Lo que más me marcó y hasta el día de hoy siento las huellas y las emociones de aquel día, fue cuando se me acercó un interno y me abrazó de manera tal que sentí que me iba a romper mis costillas. El hombre mientras me abrazaba soltó un llanto contenido, seguramente desde hace muchísimos años, y me dijo entre lagrimas, “Fernando, si yo hubiese sabido esto hace dos años hoy no estaría aquí dentro”. A mi solamente recordar aquel instante me emociona y fue sin dudas, el disparador para que comenzara a realizar entrenamiento emocional con caballos.

¿Cómo podrías definir la técnica de interacción entre los seres humanos y los caballos para el entrenamiento de nuestras emociones?

El caballo se comunica a partir de lo que nosotros entendemos que son las emociones y aunque no es la única vía de interacción, es sin dudas el pilar de la comunicación entre los seres vivientes ¿Cómo entenderlo? Con un caso práctico. Yo el primer día que llego a dar el curso, antes de decir una sola palabra, reúno a todo el grupo en una cancha de fútbol y suelto un caballo allí mismo. Entonces, cada uno de los integrantes del grupo individualmente debe dirigirse hacia donde esta el caballo y luego regresar a su lugar. Por lo tanto, sólo deben acercarse y la misión es observar la reacción del caballo en ese mismo momento.

Curiosamente y no casualmente, hay personas a las que el caballo se les acerca, hay de quienes sale huyendo como si hubiera visto a un monstruo y a otros a los cuales se le aproxima pero luego se distancia. Es decir, se producen todo tipo de comportamientos disímiles.

Cuando todos los integrantes del grupo finalizan esta actividad, formulo una serie de preguntas: ¿Porqué el caballo tuvo con cada uno una reacción diferente?¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué sintió o percibió para tener un comportamiento distinto con cada uno de ustedes ?

Entonces, a partir de este interrogante analizamos qué es lo que verdaderamente siente un caballo y qué percibe a través de cada uno de nosotros.

Entonces, ¿por qué las reacciones del caballo son totalmente distintas entre una persona y otra?

El caballo actúa de espejo, nos muestra lo que nosotros estamos sintiendo. El animal exhibe aquello que nos pasa y nos atraviesa, cuáles son nuestras emociones presentes y en la finalización del curso, comprendemos como manejar y a gestionar nuestras emociones.

La prueba del cambio es sorprendente. El último día del curso después de haber realizado los ejercicios se repite el ritual del inicio. Y sucede que aquellas reacciones adversas que el caballo había sentido hacia nosotros aquella primera vez desparecen. Uno a uno vuelven a acercarse y el caballo se les pega a su lado, indefectiblemente.

Entonces, algo han modificado, han aprendido a gestionar sus emociones.

¿Cuáles son las emociones que en el inicio predominan en esta percepción que siente el caballo sobre los seres humanos?

Quizá lejos de lo que pueda creerse no es el miedo, lo que predomina, sino el ego. Cuando estamos presionados o pendientes de la mirada de los otros, en aparentar, agradar y ganarle al otro predominan las emociones negativas.

Cuando uno aprende a gestionar las emociones, no es casual que uno quiera estar cada vez con menos gente o simplemente, poder estar en silencio y en paz con uno mismo. Es decir, es muy frecuente que las personas que necesitan de manera permanente estar aturdidas o abrumadas por el ruido o el movimiento son quienes todavía no han aprendido a estar consigo mismas.

Con respecto al entrenamiento emocional con caballos aplicado a los niños, ¿la predisposición al cambio es más proactiva que en los adultos?

Totalmente, por que los niños no se encuentran contaminados, son más permeables al cambio. Sin dudas, llegamos más rápido a su alma y a su corazón. En la infancia hay menos miedo, menos prejuicios. No hay necesidad de ocultar o esconder las emociones, son seres genuinos.

¿Cuál es la metodología para trabajar con los más chicos?

Es muy fácil, debo olvidarme que soy mayor y volver a mi esencia más pura. Trabajo con ellos desde la intuición y el sentimiento. Por que aquellos niños que viven en las calles o los jóvenes que están sumidos en la adicción preservan esencia y en realidad son carentes de respeto, contención y valoración. Entonces, es muy simple y quizá lo que realmente necesitan es un abrazo verdadero, el afecto genuino y que ellos sepan que alguien los escucha y les importa lo que les pasa. Por supuesto, hay protocolos a seguir sobre cuáles son los aspectos a trabajar en cada niño en particular, pero la constante en el abordaje con niños es la efectividad y la rapidez de resultados positivos.

¿Cuál es la forma para optimizar nuestras emociones?

Hay una frase que a mi me gusta muchísimo y responde a los interrogantes que parecen complicados: “no hay pregunta difícil cuando se conoce la respuesta“, y el tema emocional todavía se desconoce muchísimo a nivel general.

Cuando en el curso indagamos sobre el sentido de las emociones, realmente nadie sabe exactamente qué es una emoción. Definirla puede ser muy difícil pero conocerla a través de un caballo es muy sencillo. Es decir, cuando el animal reacciona frente a nosotros podemos visualizar de manera directa nuestras emociones, a modo de espejo. Luego cuando tomamos conciencia de quienes somos emocionalmente podemos comenzar a comprender como funciona el triángulo mente, cuerpo y emociones.

Toda emoción que pasa por nuestra mente repercute directamente en el cuerpo y viceversa. El hombre separa estas tres funciones cuando en realidad son una unidad.

Entonces, el objetivo es trabajar sobre el cuerpo y la mente y paulatinamente todo va cambiando, la persona comienza a gestionar sus emociones y convierte en hábito la capacidad de ser feliz.

 Síguenos en Facebook
 Síguenos en Twitter
 Síguenos en Instagram

Por Eugenia Plano