El desafío de correr la 40 a los 40

Rodolfo Rossi recorrió toda la ruta 40, desde La Quiaca hasta Ushuaia. En total fueron 5.596 kilómetros y 12 provincias atravesadas. Presentó su libro basado en su travesía.




Por Matías Russo
@matiasfederusso

:: Argentina ::

Dos años atrás, un hombre, ultramaratonista, de bajo perfil pero de firmes convicciones, fue el ejemplo ideal para aquellos que se disponen a cumplir sus objetivos, intercalando una buena dosis de pasión, constancia y perseverancia como atributos primordiales. La satisfacción tras haber cumplido su meta quedará como el recuerdo mas importante de su vida; ese que nunca se borrará de su mente. Su nombre, Rodolfo Rossi, también seguirá siendo mencionado por los habitantes de cada pueblo que siguieron de cerca su recorrido, quiénes les contaron y les seguirán relatando a sus familiares y amigos, casi sin poder creerlo, lo que este hombre de 40 años fue capaz de lograr. A su vez, su pasión por correr lo llevó al campo de la solidariad. A raíz del mayor éxito de su vida, diferentes proyectos educativos y sociales como Fundación Ruta 40 (niñez), Fundación Desarrollo a través del Deporte (adolescentes) y Beca Abanderados Argentinos de la Universidad de San Andrés (jóvenes) se vieron beneficiados por el dinero recaudado de los sponsors. En la presentación del documental dirigido por Carlos Pugliese y de su libro “Corre 40”, el pasado jueves 30 de noviembre en el colegio St. Brendan's, el protagonista de esta historia le quitó mérito a su esfuerzo y dejó en claro que las cosas no suceden porque sí: “Cada pieza estuvo en el lugar y en el momento indicado”.

Pancho Ibañez, reconocido presentador de televisión, locutor argentino y gran amigo de Rodolfo Rossi, rememoró los años en que el ultramaratonista daba sus primeros pasos y lo dejaba asombrado tanto a él como cualquier espectador de la maratón: “Cuando yo vi a aquel pibe de 14 años me maravilló por su cuerpo de pollito. Era un pollito que corría y ganaba. Todos los años le colocábamos medalla tras medalla en las pruebas de maratón”. Años mas tarde se reencontraron, ya cuando Rodolfo, apodado “Rodo” por sus amigos, había alcanzado una edad adulta, pero con la misma pasión que cuando era un niño. Fue entonces cuando el Rodo le propuso a Pancho una travesía única: “Quiero correr la ruta 40 a los 40”.

Unir la ruta 40 desde La Quiaca hasta Ushuaia, confiando plenamente en sus piernas, no fue una travesía que se dispuso de un día para el otro. Debía superar 5.596 kilómetros, 12 provincias y temperaturas extremas. Ni hablar de la preparación que debe tener un atleta ante semejante desafío, tanto física como mental. Y así todo, muchos no lo lograrían. Es por eso que Rodolfo se destacó por sobre los demás: él se animó a cumplir su meta y a demostrar que cualquier objetivo es posible si se realiza con pasión. Se dispuso a enfrentar las adversidades y a evadir los obstáculos que se hallan en una travesía de estas características. Pero nada hubiese sido posible sin un equipo que lo ayude y lo aliente en cada metro recorrido. “No creo en los deportes individuales, siempre hay un equipo. Sin ellos no hubiese podido lograrlo”, señala Rossi, acordándose de cada uno de los que lo apoyó, con distintos roles pero compartiendo un mismo sueño.

Durante su travesía, Rodo vivió momentos de felicidad y emoción, así como también instantes de tristeza y angustia. En cada pueblo que atravesaba era recibido como un héroe. La gente se sacaba fotos y le mostraba carteles brindándole apoyo. Los niños se alegraban tanto de su recorrido que le dedicaban canciones y batucadas en las diversas escuelas por las que dejó su rastro de atleta. Definitivamente generaba mucha felicidad en cada pueblo por algunas horas. Pero al recorrer 50 kilómetros diarios el cuerpo se desgasta. Sus rodillas comenzaron a inflamarse y era tal el dolor que no tuvo alternativa que recurrir a las inyecciones. En una ocasión, por querer defender a un perro que lo acompañó en su travesía, se terminó cayendo y quebrándose dos dedos. Pero nadie podía convencer a Rodo de que debía parar por unos días. Ni siquiera los médicos.

Finalmente, tras 113 días continuos de recorrido, el atleta cumplió su objetivo. Aquel que se propuso desde niño, confiando plenamente en sí mismo. El 8 de diciembre de 2015 quedará grabado en su memoria. Ushuaia se tiñó de fiesta y muchos amigos, familiares y habitantes de la ciudad lo recibieron con lágrimas de emoción. La noticia recorrió los principales medios del país y muchos se empezaron a interesar por el running. Además, a raíz del mayor éxito de su vida, muchas fundaciones se vieron beneficiadas por el dinero recaudado de los sponsors. En cada charla a la que asiste, ya sea en el ámbito educativo o laboral, Rodolfo comparte su experiencia ante el público y deja en evidencia su mayor enseñanza: “Cuando hay un objetivo claro y compartido no hay límites y se puede llegar a donde uno quiere”.