Día Internacional contra el Cáncer: cómo cuidarnos del cáncer de piel

Entre todos los tipos de cáncer, el que se origina en las células de la piel es uno de los más comunes. ¿Cómo prevenirlo?


Año tras año, los profesionales de la medicina dedicamos el 4 de febrero a generar conciencia sobre el cáncer. Cómo detectarlo a tiempo y cómo cuidar nuestro cuerpo generando hábitos saludables para prevenirlo son los ejes de las campañas que se ejecutan durante esta fecha, sin embargo, en el campo de la dermatología, todavía nos encontramos con que los pacientes no están lo suficientemente alertados sobre la prevención del cáncer de piel.

Entre todos los tipos de cáncer, el que se origina en las células de la piel es uno de los más comunes. En Argentina, 550 personas mueren cada año a causa del melanoma, que representa un 5 por ciento de los casos de cáncer de piel, aunque que se lo considera el tipo más severo del mismo. Según datos relevados en 2015 por la Dirección de Estadística e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación, en promedio, más de 10 argentinos mueren por semana a causa de esta afección. Siguiendo la tendencia de nuestro país, las estadísticas de casos de cáncer de piel van en aumento en todo el mundo, lo que se vincula con hábitos como los largos períodos de exposición al sol y una mayor expectativa de vida, pero también, con el deterioro de nuestra capa de ozono.

¿Cómo podemos detectar el melanoma a tiempo?

Prestando atención a nuestro cuerpo y a las manchas y lunares que aparecen. Para eso, hablamos del A, B, C, D y E, que son situaciones que ameritan una consulta con un profesional de la dermatología. A, por ejemplo, es la asimetría. Cuando hacemos una línea imaginaria por la mitad, y una de las partes es distinta de la otra, debemos consultar al médico. B son los bordes: la irregularidad de los lunares es otra de las señales a las que se debe prestar especial atención. Lo mismo ocurre con los colores de los lunares (C), cuando son muy oscuros o de más de un color (marrón y negro, medio azulado, o con sectores blanquecinos). Otra de las cuestiones a tener en cuenta nos lleva a la D, el diámetro. Debemos prestar atención a cualquier lunar que tenga un diámetro mayor a 5 milímetros. Por último, la evolución. Los cambios abruptos a lo largo del tiempo en la forma y los colores, así como los sangrados espontáneos, son señales de las células de nuestra piel que ameritan una revisión por parte de un profesional.

Pero además de los melanomas, están los carcinomas basocelulares y espinocelulares que se manifiestan de forma diferente, que son aún más frecuentes. Por ejemplo, una lastimadura que no se cura por más de un mes, puede ser un indicador alarmante que es necesario controlar.

Es por eso que resulta imprescindible educar a la población sobre el tema e insistir sobre las recomendaciones habituales a la hora de estar al sol. En ese sentido, se aconseja evitar exponerse al mismo entre las 10 y las 16, hacerlo siempre con protector solar y repetir su aplicación cada dos o tres horas y luego de salir del agua.

Por último, es importante considerar los efectos que produce el sol a lo largo de nuestra vida, que en los primeros 18 años suma el 80 por ciento del daño solar acumulado. En dermatología hablamos del “efecto memoria” de la piel: por ejemplo, sucede que hay pacientes de 50 años que se acercan al consultorio con múltiples carcinomas de la piel y manifiestan que hace 10 años que no toman sol, sin tener en cuenta los otros 25 que sí estuvieron expuestos. La piel nos habla, y su cuidado debe ser constante y sostenido. Debemos trabajar en incorporar hábitos que prevengan el daño y prestar atención a las señales que nos da nuestro cuerpo.

Andrés Cordero pertenece al Staff Médico del servicio de dermatología del Hospital Británico de Buenos Aires. Es docente de la Facultad de Medicina Universidad Católica Argentina (UCA) y Universidad de Buenos Aires (UBA), Jefe de trabajos prácticos de la UCA y miembro de la Sociedad Argentina de Dermatología.

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Por Andrés Cordero