Por Silvia Pisani | LA NACION
Sábado 22 de octubre de 2011 | Publicado en edición impresa
WASHINGTON.- Pero si de algo puede ufanarse Barack Obama es de que su 'método' de combatir al enemigo no sólo abre un contraste con su predecesor, George W. Bush, sino que -también a diferencia de lo que a éste le ocurría- a él, su sistema de hacer las cosas le reditúa no sólo los reproches de la guerra sino, también, resultados concretos.En seis meses, la administración demócrata puede jactarse de haber borrado del mapa a tres 'enemigos' de los Estados Unidos. Y de haberlo hecho sin haber puesto un solo hombre en territorio hostil.En mayo fue el 'número uno', el ex líder de Al-Qaeda Osama ben Laden; el mes pasado fue el turno del imán yemení Anwar al-Awlaki; esta semana, el del líder libio, Muammar Khadafy.Es fácil imaginar a Bush hinchado de orgullo ante semejante listado. El ex presidente era propenso a declarar 'misión cumplida' aun cuando se estuviera lejos de ello.
Ganador del Nobel de la Paz, Obama, en cambio, es más implacable y sigiloso. Prefiere las operaciones secretas y el perfil bajo; evita las exaltaciones y aprovecha la irrefutable exhibición de resultados para confirmar lo que ya estaba previsto: el retiro absoluto de las tropas norteamericanas de Irak para fin de año.En otras palabras, el final de la guerra que declaró Bush nueve años antes por una causa que luego se probó mentira: la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en un país que no las tenía y que, merced a la intervención norteamericana, se convirtió en un polvorín.La paradoja es que la circunstancia por la que suspiraba Bush, a Obama apenas si le trae resultados fronteras adentro. 'Dejemos que los demócratas tomen crédito por estas cosas. Dentro de poco tendrán de qué preocuparse', dijo ayer Ken Feltman, ex presidente de la Asociación de Consultores Políticos (APC).Aludió así a la paradoja de que los logros en objetivos de política exterior que anota Obama no se traducen en mejora de su desgastada imagen y no está para nada claro que vayan a servirle dentro de 13 meses, cuando se enfrente a elecciones para renovar su mandato.
'Es evidente que las preocupaciones inmediatas de los norteamericanos van por el lado de la economía y del empleo', dijo a La Nacion Carl Bergsen, del Instituto de Análisis Político de la Universidad de Illinois.'Mientras Obama no pueda hablar de puestos de trabajo, difícilmente pueda hablar de otras cosas y ser escuchado', añadió.Con ser la más evidente en términos inmediatos, la paradoja no es la única. Con el paso de las horas crecen las dudas tanto sobre las condiciones del retiro de Irak como, en otra escala, la forma en que ocurrió la muerte de Khadafy, con todos los aires de haber sido un crimen de guerra.
Obama anunció que la retirada de Irak se completaría desde una posición de fuerza. Pero, anoche, eso estaba cada vez más en duda ante la evidencia de fracaso en sus negociaciones con el gobierno iraquí para permitir la permanencia de un reducido número de tropas de apoyo. Según The Washington Post, el 'retiro absoluto' se produce porque el primer ministro iraquí, Nouri al- Maliki, no autorizó que se quedaran soldados norteamericanos.El líder iraquí transmitió su rechazo apenas minutos antes de que Obama hiciera su breve anuncio desde la Casa Blanca, sin que la solemnidad del momento se le quebrara por semejante mal trago. 'Es increíble que se ponga en riesgo todo lo logrado con la sangre de nuestros soldados por la incapacidad del presidente', atacó el aspirante republicano a la presidencia Mitt Romney.Uno de los miedos de Washington es la seguridad de su personal diplomático en Bagdad una vez que 'los soldados vuelvan a casa para Navidad'. Se habla de contratar seguridad privada para cubrir esa vulnerabilidad.
Dudas sobre Khadafy
No fue el único trago amargo. Con el caer de la tarde, el malestar crecía ante las dudas en aumento sobre la muerte de Khadafy.Mientras se multiplicaban los videos sobre el martirio y ejecución del dictador, el gobierno norteamericano pidió 'transparencia' al gobierno de transición libio sobre cómo fueron las horas finales de Khadafy. 'En los próximos días deberían llegar mayores detalles', dijo el vocero del Departamento de Estado, Mark Toner, quien destacó que el gobierno pide 'un tratamiento humano para los prisioneros' fieles al ex líder libio, en manos de los rebeldes. Esas expresiones se produjeron luego de reclamos enfáticos del Alto Comisariado de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra. También el canciller ruso, Sergei Lavrov, declaró que existen 'muchos interrogantes' y criticó no haberse aplicado la Convención de Ginebra sobre prisioneros de guerra..
Foto: VP.C
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/