Los especialistas lo llaman el 'síndrome cenicienta' y habla de aquellas personas que de tanto buscar el arquetipo del hombre o mujer perfecta no llegan a concretar un compromiso real. La diferencia entre el ideal y la realidad. Cuando el amor es fantasía, ¿cómo convertirlo en una vida sentimental auténtica?
La infancia y la adultez se presentaron como contrastes irreconciliables. En los cuentos de hadas los malos eran muy malos, los buenos eran intachables y la pareja protagonista lejos de tener un mínimo defecto, tenían una capacidad sobrehumana de perfección tanto en la apariencia física como en la sentimental. En cambio, los villanos eran imperfectos al extremo: brujos, hechiceros, malditos y poderosos y tan feos por dentro como por fuera. La polarización no dejaba una mínima posibilidad a que el bueno cometa errores o a que el malo aprenda de los suyos. El destino y el azar reinaba por sobre la racionalidad.
Crecimos y la vida real distaba absolutamente de este escenario de fantasía. Los príncipes azules desteñían y las heroínas pedían el divorcio. Nadie es tan malo, ni tan bueno, ni tan bello, ni tan espantoso. La realidad es un terreno en el cual la felicidad se construye a prueba de ensayo y error, y no habrá un hada mágica que nos muestre el camino, sino que dependerá de nosotros.
Pero, a pesar de las notables diferencias entre la infancia y la adultez, todavía existen mujeres que esperan a un hombre que las rescate con un caballo blanco u hombres que aguardan la llegada de una heroína tan ideal como inexistente.
Los especialistas lo llaman el 'síndrome cenicienta' y se trata de personas solas o en pareja que se encuentran viven una insatisfacción crónica y esperan que mágicamente alguien las rescate de una realidad que prefieren evitar. El tema fue investigado por el Dr. Peter K. Lewin en 1976, y publicada por la revista Canadian Medical Association Journal.
Por su parte, la psicoanalista Colette Dowling, lo llamó 'complejo de cenicienta' y lo focalizó en el miedo de las mujeres a la independencia. No lo explicitan abiertamente sino más bien tienen un deseo inconsciente de ser atendidas por otros y esta situación se agravaría cuánto más pasan los años.
Las fantasías de rescate y una felicidad tan lejana como imposible caracterizan a este complejo que lleva el nombre del popular cuento popularizado por la película de Walt Disney. La prosa infantil cuenta la historia de una heroína hermosa, amable y condescendiente que le es imposible valerse por si misma y por ello debe ser rescatada por una fuerza externa. Es decir, por un hombre que la libere de aquello que en soledad le sería imposible solucionar.
Así, cual Cenicienta en la actualidad muchos hombres y mujeres optan por una fantasía de liberación en lugar de un compromiso real. En algunos casos, la idealización de una fantasía trae aparejada la soltería permanente o saltar de una relación a otra sin encontrar satisfacción en ninguna pareja real.
La realidad difiere absolutamente de los cuentos de hadas. Hombres y mujeres, en oposición a príncipes y heroínas, somos menos angelicales y valientes, no somos tan etéreos, ni tan hermosos, nos equivocamos y nos volvemos a equivocar, pero así nos enamoramos de manera real y no de figuras de cartón pintado.
Quizá esa sea la única manera de superar el síndrome cenicienta, en lugar de esperar el caballo blanco, es mejor salir a galopar y si uno se cae, se levanta y comienza de nuevo.
Eugenia Plano - www.vidapositiva.com