Eugenia Plano
www.vidapositiva.com
Esta vez, y por quinta vez, el predicador asegura que a partir de su relectura de Biblia la fecha del juicio final es este viernes 21 de octubre. Las reacciones de la sociedad tendieron más a la risa que a la alarma. Programas de tevé, radio y medios de Internet satirizaron este Apocalipsis y hasta un grupo de ateos de la ciudad de Seattle informó en su sitio web que convocan a quien lo desee a reunirse el viernes por la noche a ver películas sobre el fin del mundo, con pochochos y gaseosas.
Más allá del humor y los profetas ocasionales que de vez en cuando desayunan a la sociedad con un Apocalipsis tan inmediato como estrenduoso, y siempre con mucha prensa, la consigna sobre el fin del mundo es una inquietud que todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos planteado.
La pregunta, ¿qué harías si te dijeran que el mundo acaba mañana? Es un interrogante que lleva al ser humano a pensar en lo que le importa. Cuando se transita la vida día a día, sin pensar el catástrofes, ni finales abruptos, las personas parecieran no pensar en nada más de lo que le sucede minuto a minuto. La rutina copta minutos, horas y segundos. En un mundo que exige 'no perder el tiempo', se considera que el único tiempo es el redituable. Es decir, nadie se ofendería si se suspende un encuentro vinculado a los afectos o la familia si la razón es laboral, en cambio es un pecado ocupar minutos laborales si la vida personal lo exige.
La sobrestimación de las obligaciones laborales, es una constante. Pero, no casualmente, cuando se piensa en qué haríamos si el mundo se acaba, la mayoría de los seres humanos no considerarían a su trabajo como prioridad. Aunque, sólo no sería prioridad si viene el Apocalipsis ¿Es tan difícil pensar en lo que realmente nos da satisfacción sin llegar al límite de pensar entre la vida y la muerte? ¿Somos capaces de hacer de nuestra biografía una historia en la cual la vida no sea nuestra sombra?
La amistad, la familia, la pareja, un sueño por cumplir, una reconciliación con quien hace tiempo necesitamos concretar, un reencuentro o un simple abrazo, en eso pensamos si mañana el mundo se acabara. Nadie priorizaría una reunión laboral, el depósito de un cheque o trabajar hasta después de hora. Quizá los seres humanos deberíamos ser capaces de darnos cuenta, sin comparaciones, Apocalipsis o contrastes entre estar vivo y no estarlo, que el futuro ya llegó, que no necesitamos estar al límite para priorizar qué y quién vale la pena.
A lo mejor, el fin del mundo nunca ocurra pero tu vida está ocurriendo.
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