9 de Enero 2012
Y así sucede cuando escasea, ansiamos tenerlo pero cuando logramos la libertad de horarios, extrañamos la rutina en la que deseábamos más segundos, minutos, horas y días.
Un extraño síndrome cuasi histérico de los tiempos que corren, hay una mayor oferta de actividades para emplear el tiempo pero no sabemos qué hacer. El aburrimiento parece ser la opción para algunos cuándo la rutina se esfuma, y ya nuestros días no es estructuran con obligaciones. Gran problema la libertad.
Existen personalidades que si no se ajustan a una rutina, no saben qué hacer con su tiempo. No es extraño encontrarlos entonces, posponiendo las vacaciones por un sinnúmero de años, argumentando una excesiva cantidad de trabajo que no pueden abandonar en ningún instante.
Pero, esta cualidad no se relaciona sólo con la posibilidad de tener unas vacaciones sino con una personalidad que tiene miedo a afrontar su propia vida en los aspectos que percibe o siente que no puede manejar.
El terror al fracaso en la vida personal, conlleva a rutinas laborales exhaustivas que, de alguna manera, lo eximen de tener que involucrarse en una pareja, formar una familia, tener amistades profundas o generar algún tipo de vínculo fuera de lo estrictamente profesional.
El trabajo aparece como una excusa legítima. En un mundo ocupado y preocupado por el valor del bienestar económico, este tipo de personalidad es + poco juzgada y hasta puede ser percibida como un “gran profesional” o un “gran trabajador”, cuando en realidad la vida puede escapársele de las manos. Es decir, la sobre ocupación en los tiempos que corren es moneda corriente. Pero, no hay que olvidar que el trabajo, es sólo una fracción de nuestra biografía.
El miedo a formar un vínculo genuino, el pánico a enfrentar una relación de pareja duradera o simplemente, la poca tolerancia a una frustración, pueden ser los motores de un auto boicot para ser felices. La vocación conforma una parte indiscutible de quiénes somos, pero es eso, sólo una parte. Cuando más tarde repasemos nuestra existencia no rememoraremos liquidaciones de sueldos, aguinaldos y ni tampoco siquiera los reconocimientos profesionales.
Sí son protagonistas de nuestra memoria, los recuerdos vinculados con el amor. Pudo haber sido un fracaso o un gran éxito, pero la construcción en el afecto siempre tiene buenas intenciones. El resultado es una circunstancia, en cambio haber sido un hombre o una mujer que se ha animado a construir vínculos es quien aprendió a vivir.
El tiempo no es eterno, y las elecciones son en el día a día. Abrumarse o entretenerse con jornadas infinitas no es más que ser una sombra de la propia vida. Nunca es tarde para ser protagonista de una biografía, que sólo uno mismo puede construir, pero solo es imposible. Un gran amor, los hijos, los amigos, la familia. Los vínculos honran nuestra vida.
Foto: VP.Com
Eugenia Plano – www.vidapositiva.com