Por Silvina Pini
Si algo le faltaba a la alegría brasileña, era ser sede del Mundial de Fútbol en 2014 y de las Olimpíadas en 2016. Río de Janeiro, antigua capital e ícono turístico de Brasil, está destinada a ser la ciudad mundialista más visitada. Además del legendario estadio Maracaná, donde se jugará la final de la Copa, la FIFA ha elegido a la ciudad maravillosa para montar el International Broadcast Centre (IBC), el centro de prensa y responsable de la generación de imágenes del acontecimiento, que funcionará en Riocentro, el centro de convenciones ubicado en Barra de Tijuca, donde trabajarán más de 13.000 personas. La propuesta de Río superó a las de San Pablo y Brasilia, y les dio a los paulistas otro motivo más para alimentar la rivalidad con sus vecinos cariocas.
Según el sondeo que realiza anualmente la revista Forbes, a través de una encuesta a 10.000 personas en 20 ciudades, los cariocas encabezan la lista de 'la gente más feliz del mundo'. De eso justamente se quejan en la capital brasileña. Los paulistas afirman que mientras ellos ponen al país al frente del BRIC, en Río se lo pasan yendo 'de la playa al bar'. Parte de la felicidad carioca es ser inmune a la envidia. Disfrutan sin culpas de vivir en una de las ciudades más lindas del mundo, con un 20 por ciento de su superficie cubierta por vegetación, lo que la convierte en la mayor foresta urbana del planeta. Río también fue la única ciudad americana en convertirse en capital de un reino cuando el rey João VI de Portugal se instaló allí con toda su corte. Algo de esos aires principescos siguen distinguiendo al carioca.
Para Brasil, ganador de cinco mundiales, el fútbol es parte de su ADN. Las playas de Río son el semillero natural donde miles de chicos y hombres de todas las edades y extracciones sociales están pendientes de una pelota. En Ipanema y Leblon -Copacabana fue cedida a los turistas- es posible ver hasta diez pelotas en el aire al mismo tiempo, signo de que están jugando altinho -la pelota debe quedar en el aire mientras varios hombres en círculo la patean- y futvoley -pasar la pelota por encima de la red con cualquier parte del cuerpo menos las manos.
Las playas no son sólo un espectacular accidente geográfico, son las arterias donde late la vida del carioca. No sólo van a la playa con la pelota, allí conversan, estudian, cierran un negocio, se enamoran y toman litros y litros de cerveza. Los cuatro kilómetros de Ipanema y Leblon se dividen en doce postos -puestos donde está el guardavida y algunos servicios- que identifican sus clubes secretos. Desde la rambla parecen todos iguales, pero no lo son. El 8 de Ipanema, por ejemplo, es el enclave gay, más precisamente en la bajada de la calle Farme de Amoedo; cerca del 9 van los jóvenes cool; entre el 9 y el 10, las familias, y unos metros hacia el 11, los cultores del fitness, que también adoran la pequeña playa del Arpoador (arponero), que marca el final de Ipanema.
Tal vez porque deben mostrar el cuerpo todo el año, los cariocas son obsesivos de la actividad física. En Leblon hay casi más gimnasios que cualquier otro negocio y toda la orla marítima cuenta con una bicisenda por donde también circulan rollers y corredores. Los cariocas se mueven con energía solar: si hay un rayo de sol, se las arreglan para ir a la playa antes de clase, después de trabajar, entre reunión y reunión. Comparten olas y arena CEO de empresas y camareros, con la misma naturalidad con la que se abrazan cuando su selección hace un gol o cuando bajan a la playa vestidos de blanco el 31 de diciembre junto con otros 2 millones de personas. Los fines de semana la costanera se vuelve peatonal para que la fiesta sea total.
Lo que viene, lo que viene
La proximidad del Mundial y de los Juegos Olímpicos trae grandes cambios en la ciudad. Los veintisiete postos de Flamengo, en pleno centro, a praia do Pontal, al final de Barra de Tijuca, están siendo totalmente remodelados con un criterio estético que favorece la integración visual y estándares más amables con el medio ambiente. Las paredes de mampostería han sido reemplazadas por paneles de blindex que dejan ver el mar, se reciclará el agua de las duchas para los sanitarios y la energía eléctrica se producirá a partir de generadores solares. Además del guardavidas, se instalarán islas de servicios con baños, vestuarios, lockers y duchas, Wi-Fi gratuito, mapas interactivos, indicadores de radiación UV y un sistema para ubicar a niños perdidos. En una primera etapa se ofrecerá colocarle a cada niño que baje a la playa una banda de un color determinado en la muñeca, pero en un futuro cercano quien se pierda será fotografiado y su imagen aparecerá en los monitores de las playas aledañas para que sus padres puedan ubicarlo. También están remodelando 309 bares situados a lo largo de los 34 kilómetros de la orla con el mismo estilo. La prohibición de cualquier tipo de publicidad en las playas sigue vigente, coherente con la política de evitar la polución visual en toda la ciudad.
La remodelación de los postos costará casi cuatro millones de dólares, poco si se compara con las obras en el Maracaná y el ambicioso Proyecto Porto Maravilha (PPM). Inaugurado para el Mundial de 1950, cuando Brasil fue el país anfitrión, el estadio Jornalista Mario Filho -tal su nombre propio- recibirá 300 millones de dólares para quedar como nuevo. Las obras estarán terminadas en diciembre de 2012. No ganará asientos (pasará de 88.000 a 82.238 butacas), pero sí un techo corredizo, cocinas industriales, restaurantes, escaleras mecánicas, baños, accesos para discapacitados y una playa de estacionamiento para 6000 autos más. Conservará el color celeste que, según cuenta la leyenda, se pintó en honor a la camiseta uruguaya después de que Uruguay venció a Brasil en la final de 1950, en una jornada inmortalizada con el mote de Maracanazo, ante un estadio con récord de público: 199 mil personas listas para el festejo que quedaron desoladas. Entre el público estaba Edson Arantes do Nascimento, Pelé, de 9 años, que le prometió a su padre, que lloraba sin consuelo, que él ganaría un Mundial cuando fuera grande. Tal vez la final de la Copa 2014 les dé a los brasileños la posibilidad de repintar el estadio de verde y amarillo. El mundo verá otra vez sus colores cuando se transmita la ceremonia inaugural y la de cierre de los Juegos Olímpicos en 2016.
La otra megaobra que se puso en marcha en junio de 2009 es Porto Maravilha. Siguiendo la tendencia de muchas ciudades portuarias como Buenos Aires y Barcelona, Río inició la remodelación del puerto, que incluye la intervención en el barrio lindero de Saúde y el Cerro da Conceiçao y la escollera Mauá. El arquitecto español Santiago Calatrava, el mismo que levantó el Puente de la Mujer en el porteño Puerto Madero, fue convocado para el diseño del Museo de Mañana, que se levantará en el muelle y será lo primero que verán los turistas que lleguen en barco. Entre los mayores desafíos está eliminar el Viaducto Perimetral, de alto tránsito pesado, que bordea el puerto.
Hostels y posadas en las favelas
La Copa del Mundo atraerá un aluvión de turistas que, estiman, rondará los 200 mil. Hoy Río cuenta con 28.000 habitaciones de hotel con las que hacen frente al millón y medio de visitantes que reciben al año. Claro que las fechas de los partidos producirán picos de ocupación y por eso el municipio alienta la construcción hotelera para cubrir otras diez mil plazas adicionales. La aventura de hospedarse en un favela ya no será tan arriesgada. El plan de pacificación a través de la instalación permanente de las UPP -Unidades de Policía Pacificadora- en 17 favelas ha generado, entre otros beneficios, la apertura de hostels y posadas que ya atraen a jóvenes europeos. Pousada Favela Cantagalo, por ejemplo, levantada en el cerro Pavaõ-Pavaozinho, con espectaculares vistas de Copacabana y Leblon, es una de las más exitosas. Pousada Favelinha, en el cerro de Santa Teresa, en el centro de la ciudad, fue el primer albergue dentro de una favela. Su dueño, Holger Zimmermann, un alemán casado con una carioca, asegura que quienes eligen hospedarse en una favela no quieren conocer 'sólo playas y garotas', sino algo de la cultura de la ciudad. Las habitaciones de Favelinha dan a la bahía de Guanabara y el Pan de Azúcar.
Hay quienes creen que el plan de pacificación eligió empezar por las favelas de la zona sur porque allí se concentran las inversiones con vistas al Mundial y a las Olimpíadas, y relegó las más de 800 favelas restantes, porque no tienen relevancia turística. De todas maneras, las favelas pacificadas cuentan con un amplio respaldo de sus moradores y la población en general. Ahora se inicia un programa de urbanización para integrarlas a la ciudad y para eso una de las prioridades será construir teleféricos, planos inclinados y elevadores. El primero en inaugurarse, en mayo del año último, fue el elevador de la favela Cantagalo, que, junto con la UPP y su estratégica ubicación, transformó el morro en una atracción turística. Entre las numerosas historias que salieron a la luz después de la instalación del elevador está la de un hombre de 42 años discapacitado que nunca había bajado de la favela ni pisado la playa. El siguiente será el teleférico del cerro Providencia, que va a integrar la favela Complexo Alemão -la última en ser pacificada en diciembre del año pasado- y que será inaugurado en 2012.
No extraña entonces que cada vez más operadores turísticos ofrezcan tours por favelas como Rocinha y Vila Canoas y que el Ministerio de Turismo le esté dando los últimos ajustes al proyecto Rio Top Tour, paseos por las pacificadas. La favela Santa Marta, la pionera en contar con una UPP, será la primera en incluirse. Desde las laderas de Santa Marta se puede ver el Cristo, el Pan de Azúcar y hasta conocer una estatua de Michael Jackson que recuerda cuando filmó el videoclip de la canción They Don't Care About Us.
El furor deportivo traerá inversiones públicas y privadas por 102 miles de millones de dólares y mejoras a la ciudad de todo tipo, algo que definitivamente contribuirá a que los cariocas sigan encabezando la lista de las personas más felices del mundo.
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DONDE EL CINE TAMBIEN SE RIE
Ya se habla del efecto Río, en alusión a la película de animación Rio, que este año llegó con su colorido a la pantalla grande. Al igual que el papagayo azul llamado Blu dejaba la fría Nueva York para ir a Río, los operadores de turismo confirman que aumentaron las reservas de viajeros provenientes de Estados Unidos que quieren conocer las locaciones que inspiraron la película. Además de los paseos clásicas al Corcovado, Pan de Azúcar y las playas, quieren ir a la foresta de Tijuca, donde hay una pérgola oriental, y a los arcos de Lapa, donde ocurren varias escenas.
Mostrando una Río violenta, Rápido y furioso 5 batió récord de recaudación en Estados Unidos, con 83 millones de dólares recaudados en la primera semana de emisión. Por último, Amanecer, la cuarta parte de la saga Crepúsculo, de la escritora inglesa Stephenie Meyer, también fue rodada en Río de Janeiro. Serán dos películas, Amanecer parte 1, con fecha de estreno mundial para el 18 de noviembre de este año, y Amanecer parte 2, en 2012.
El rodaje de Rápido y furioso y la saga de los vampiros le reportaron a la ciudad 5 millones de dólares. Más optimistas que nunca, los cariocas esperan el boomerang después de que millones de espectadores del mundo conozcan algo más de su ciudad y su idiosincrasia.
ESCALERA AL CIELO
'Cada mañana me lamento de no haber nacido brasileño', dice el chileno Jorge Selarón, sentado sobre su obra de arte -una escalera de 125 metros de alto y 215 escalones azulejada una y otra vez-. Selarón levanta la vista de lo que está pintando para hablar en portuñol con quien quiere, cuando quiere. Y siempre dice lo mismo: que vivió en 50 países y que nada se compara con Río de Janeiro. Por eso, en agradecimiento, hace 20 años que azuleja con los colores de la bandera de Brasil y el rojo que lo identifica a él, esta escalera pública que lleva al convento de Santa Teresa. El se sienta todo el día sobre su obra, la Escadaria Selarón, a pintar cuadritos, mientras su manager argentino, César Gómez, va por el mundo para comprar azulejos, algunos de hasta 2000 dólares. Desde 1977 Selarón pinta lo mismo -una mujer negra embarazada, con ligeras diferencias-, que vende sentado allí. Lleva vendidas unas 20.000 desde que empezó a azulejar la escalera en 1990 y todo lo recaudado lo gasta en azulejos. Su frenesí por esta actividad lo hace renovar las piezas para que su obra sea 'mutante y volátil', y ya está tomando el frente de las casas de los vecinos cuyas viviendas dan a la escalera, pero todos están agradecidos. Orgulloso, Selarón recita el currículum de su escalera: Bono filmó un videoclip allí y -lo que más satisfacciones le dio- una conejita de Playboy acomodó su cuerpo en los escalones para una producción de fotos de la edición norteamericana de la revista.
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