Espectáculos

Ricardo Darín, grande y humilde

Tiene esa extraña cualidad que de vez en cuando la vida nos devela: la humildad de los gigantes.
17/03/2012
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Eugenia Plano

www.vidapositiva.com - 17 de marzo 2012 –

Ricardo Darín, es un actor que lejos de darse grandes ínfulas, se ríe de si mismo, no le gustan demasiado los halagos empalagosos y prefiere demostrar quien es con su trabajo.

Su historia como actor, no fue fácil. Fue víctima de los estereotipos, lo llamaban “galancito” y el medio sólo le ofrecía roles de un hombre entre simpático y atorrante. Los directores y productores creían que Darín sólo era digno de hacer comedia, el drama era para los “actores serios”. Ricardo era demasiado humilde y entrañable para ser el intérprete dramático políticamente correcto. Pero, cuando hay talento la vocación da revancha. Hoy Ricardo Darín es el más versátil de los actores, es quien puede hacer reír y llorar, conmover y divertir, emocionar y disfrutar.

“El hijo de la novia” y “El secreto de sus ojos” fueron los filmes inolvidables para el mundo, que vio en Darín a un artista único, inédito e incomparable. Pero su trayectoria a la consagración no le fue tan fácil. Nació un 16 de enero de 1957 en una familia de actores. Sus padres, Ricardo Darín y Renee Roxana fueron actores de teatro y el debut teatral de su hijo fue junto a ellos, cuando Ricardo tenía 10 años. Su vocación recién comenzaba, y hasta en su niñez pensó en dedicarse a la veterinaria y no seguir los pasos de sus padres. Pero, la vocación fue más fuerte.

En varias entrevistas Darín reconoce no haber estudiado nunca teatro. Confiesa que su aprendizaje no se basó en la academia, sino en la observación de las distintas personas que se le cruzaron en el camino a lo largo de su vida. “Yo siento como maestros a todos aquellos que alguna vez me permitieron aprender, aunque más no sea mostrándome algo o hablándome de lo que les pasaba. Mi aprendizaje fue dándose de manera imperceptible, más bien sensorial. Así aprendés de las actitudes generosas y también de las que no lo son. Hay que agradecer a esas personas con las que no coincidís, porque te evitan perder tiempo, ya que te muestran rápida y claramente lo que no querés ser”, advierte Darín en una entrevista brindada al sitio del Ministerio de Educación de la Nación.

Su talento por la observación lo convirtió rápidamente en uno de los actores jóvenes más talentosos de la década del ´80 en la Argentina. “Alta comedia” o “Estación retiro”, fueron algunos de los programas de tevé más importantes en los que participó por aquel entonces.

Además, durante los años ochenta se lo conocía como parte de un grupo de actores jóvenes a los que llamaron los “galancitos”. Ellos desataron la euforia de las adolescentes que iban a verlos a cada obra teatral que realizaban en la temporada de verano en la ciudad de Mar del Plata. A pesar del gran suceso y fama que le imprimían sus roles como galán, en los años ´90 decidió correrse de ese lugar y evaluar otras propuestas, quizá menos redituables pero más desafiantes. Así llegó “Mi cuñado”, una desopilante serie de tevé que protagonizó junto a Luis Brandoni, en dónde demostró su enorme talento para el humor y la comedia.

A pesar de haber dado sobradas muestras de su gran virtuosismo, todavía los grandes papeles protagónicos en la industria del cine no le habían llegado. El estereotipo de galancito simpático, era un prejuicio que los productores y directores todavía sostenían.

El responsable de creer en él como un actor capaz de interpretar un rol absolutamente distinto a lo que le industria le ofrecía constantemente, fue Juan José Campanella. Aunque Darín, ya había interpretado de forma brillante al ladrón de Nueve Reinas, fue “El hijo de la novia” la película que lo inmortalizó como un artista distinto. Junto a Héctor Alterio y Norma Aleandro, logran algunas de las escenas más conmovedoras que el cine haya exhibido. La película fue un éxito de público y crítica, su enorme suceso también fue reconocido por Hollywood, siendo nominada al Óscar en el 2002 como "Mejor película de habla no inglesa".

A partir de entonces, Ricardo Darín fue aclamado como el mejor actor de su generación. Un artista creíble y capaz de interpretar las emociones con una autenticidad poco vista. Su relación con Juan José Campanella es tan entrañable como fructífera para ambos. En el 2004 vuelve a trabajar con él, protagonizando Luna de Avellaneda, una película que reivindica el rol socializador del club social y deportivo en los barrios argentinos. Pero, el filme que termina de convertir a Darín y a Campanella en el mejor actor y director argentino, respectivamente, fue sin dudas “El secreto de sus ojos”.

Su personaje se llamó Benjamín Expósito, un ex empleado judicial que tras una larga trayectoria en la justicia penal se propone escribir una novela. Lejos de la ficción, escribe sobre un caso real, una historia que signa a la Argentina cíclicamente: la injusticia. La novela tiene un objetivo, ser leída por aquella mujer de la que él estuvo secretamente enamorado toda su vida. La interpretación de Darín sobre Benjamín Expósito entraña una sutileza inigualable. El dolor, el amor, la amistad y la injusticia toman cuerpo y alma en su actuación. “El secreto de sus ojos” fue un éxito en el mundo entero. Multipremiada, se llevó el máximo galardón de la industria cinematográfica. En el 2009 gana el Óscar como Mejor Película Extranjera en la emisión 82ª de los Academy Awards.

Padeció los mitos y los prejuicios y demostró con roles inolvidables, que un “actor serio” es quien saber actuar con la humildad de los grandes.



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