Los recordamos con la nostalgia, repetimos, rememoramos una identidad que fue y ya no está.Si hay algo que una crisis no debe provocar en nosotros es amputarnos el alma. Seguramente, en ciertos momentos de la vida nos sobren los motivos para que la alegría se convierta en tristeza, la euforia en ira, el entusiasmo en abatimiento o la pasión en indiferencia.
La vida misma está signada por los antagonismos. No hay persona en el mundo que no haya padecido fracasos laborales, amorosos, familiares o en su salud, pero esos mismos seres se diferencian uno de los otros no por sus problemas, sino por su capacidad para superarlos.
Es un cliché quizá hablar del medio vaso lleno y el medio vaso vacío, pero es un concepto tan gráfico como cierto. No hay fortaleza más grande que tener la capacidad en un momento de crisis de ser quien puede ver cómo salir adelante, y en ese gesto incentivar a sus seres queridos a tener una actitud positiva.
Es impresionante como quien sabe resignificar lo negativo, surte un efecto contagio en quienes lo rodean. Nadie querrá decepcionar a una persona que en su peor momento se pone la vida al hombro. Y así, las crisis nos ponen a prueba. No sólo en cuál será el próximo paso que damos para salir airosos y fortalecidos, sino también para saber quiénes somos.
Detenernos en el instante de la crisis, puede paralizarnos de manera tal que comenzamos a creer que nada volverá a ser como antes y el futuro sólo es un horizonte amenazante. Nuestra identidad puede revertirse y permitirnos ser una persona que nunca quisimos ser, es la peor consecuencia posible y más grave que el hecho en sí.
Si hay una verdad en este mundo, es que todos hemos atravesado disyuntivas en la vida en las cuáles elegir es la cuestión. Ninguna circunstancia nos obliga a cambiar lo mejor que tenemos. Una persona que nos ha traicionado, no es la sociedad entera. Una pareja que nos ha roto el corazón, no es el amor en su totalidad sólo es una parte de tu vida que se resignificara más adelante. Un trabajo que no ha funcionado, sólo es un paso más para seguir luchando por tu vocación.
No podemos permitirnos creer que uno mismo, aquello que ocurre y con las personas que sucede es nuestro destino irrevocable. No deberíamos estancarnos en experiencias que con el tiempo serán anécdotas que podremos resignificar, para luego seguir adelante.
La vida no es lineal, tiene traspiés, quienes sí somos es seres con decisión y capacidad para convertir lo negativo en experiencia para el aprendizaje somos .
Las crisis son parte de nuestra biografía. Quien se precie de ser un ser humano apuesta, confía, construye, cree y hace, por ello nos equivocamos y acertamos.
Conservar lo mejor de nosotros en los malos momentos, es una cualidad enorme para seguir haciendo camino al andar.
Foto: marc van der Aa
Eugenia Plano – www.vidapositiva.com