Quizá esta pregunta parezca un absurdo, una obviedad, pero en tiempos en los que reina la confusión, el sentido común se toma vacaciones. Opiniones cruzadas, debates interminables y palabras más, palabras menos, la libertad de prensa queda envuelta en una telaraña en la que el ciudadano se expone a un estado de desorientación del cual le es difícil salir.
Los hechos sucedidos recientemente, con el bloqueo al diario Clarín, han expuesto una situación en la que vale la pena volver a las fuentes sobre el concepto de libertad de prensa.
Entonces, ¿cómo definir un concepto que parece haber quedado en el olvido? La libertad de expresión es por sobre todas las cosas un derecho humano fundamental de las personas y se encuentra amparado por la Declaración Universal de Derechos Humanos dictada por la Organización de la Naciones Unidas(ONU) en 1948. Es decir, este derecho supone que todos los individuos tienen la posibilidad legítima de expresarse sin ser censurados a causa de sus opiniones.
Por su parte, la prensa debería tener la garantía de difundir información a través de los medios de comunicación sin ningún tipo de control previo por parte del estado.
Cuando se vuelve a la fuente, cuando poco se recuerda el significado de un concepto básico, algo grave está sucediendo. Si el sentido común se torna borroso es porque el absurdo avanza y así el estado de locura y confusión puede pautarse como norma en cualquier momento. Entonces, si uno repasa el concepto de libertad de expresión, en la Argentina, ¿se está ejerciendo plenamente? ¿los argentinos son libres de expresar sus opiniones sin censura previa?
El pasado 9 de abril, la Sociedad Interamericana de Prensa concluyó en su último informe que la Argentina es protagonista de la censura en todo el continente americano. “El bloqueo de la distribución de los periódicos por parte de sectores claramente afines al gobierno; las frecuentes y reiteradas campañas de desprestigio por parte del estado a los periodistas; la distribución arbitraria de la publicidad oficial y el empleo de los organismos de control fiscal para frenar todo tipo de crítica, hacen de la Argentina uno de los países con menor libertad de expresión Latinoamérica”, expresa la SIP.
Bajo esta misma línea se ubica Reporteros sin Fronteras, que en su última investigación sobre los medios de comunicación en Hispanoamérica le dedica un párrafo al caso argentino. “Aunque la Argentina ocupa un lugar más bien envidiable en la última clasificación mundial de la libertad de prensa de RSF, el riesgo profesional registrado localmente no ha desaparecido, y la brutalidad de ciertos funcionarios contra la prensa no es un hecho inédito”, concluye el informe.
Las conclusiones son claras, en la actualidad la Argentina no es un lugar en el mundo en el cual las condiciones de libertad de prensa se encuentren plenas y vigentes.
Entonces, ¿cómo revertir esta situación? ¿Cuál tendría que ser el rol del sector público en los medios? La sociedad, la prensa y el gobierno, ¿cómo lograr una interacción en la que la libertad de expresión sea la única norma?
La ley exclusiva no debe ser otra que la libertad y el pleno ejercicio de la posibilidad de informar. Es decir, el bloqueo de un diario, el desprestigio del otro que no se expresa u opina igual que el estado o la utilización de la publicidad oficial como método de control sobre lo que se dice, se exhibe o se hace en los medios, son mecanismos de censura y coacción. No sólo se limita la libertad de la prensa sino de un ciudadano que necesita conocer qué pasa en su país.
La libertad no debería ser un concepto del que para acordarnos de qué se trata debamos volver al diccionario, tendríamos que tenerlo presente porque lo estamos ejerciendo.
Por Eugenia Plano | www.vidapositiva.com