Eugenia Plano – www.vidapositiva.com
4 de febrero 2012
Pero, apoyarse básicamente en la precariedad del panorama internacional genera una caída a corto plazo. Y así sucedió, la segunda presidencia de Perón, ya no tuvo la opulencia económica de la primera gestión.
Estados Unidos había colocado sus excedentes agrícolas en Europa, y así se vieron limitadas las exportaciones de Argentina. Además, después de la segunda Guerra Mundial los mercados se retrajeron y esta situación trajo como consecuencia una gran disminución en las exportaciones argentinas.
Uno de los factores determinantes del empeoramiento de la economía, fue el hecho que las reservas acumuladas se consumieron de forma rápida y excesiva. Todas estas variables hicieron que la crisis fuera el símbolo de la segunda presidencia de Perón, el estado de bienestar ya no era digno de su nombre.
La estrategia del presidente fue el desarrollo industrial, pero para hacerlo realidad debía implementar combustibles, acero, maquinarias y demás repuestos que el país, en ese momento, carecía. En este marco, debía importarlo. Pero a pesar de los esfuerzos, la iniciativa no resultó y sus consecuencias fueron la inflación y la desocupación.
Con el fin de cambiar el rumbo y hacer frente a la crisis, Perón lanza en 1952 un segundo plan Quinquenal, que tuvo vigencia entre 1953 y 1957. Su objetivo era asegurar el desarrollo de la economía social por medio de actividades que colaboren a gestar la independencia económica del país.
Recuperar la industria nacional era el lei motiv de una serie de medidas económicas. Así, el Estado se reservó el manejo del comercio exterior, guiado por el propósito de defender la producción Nacional y obtener términos de intercambios justos y equitativos.
En el aspecto laboral, se dictaminó el congelamiento por dos años de los contratos colectivos de trabajo y en 1955 el Estado incentivó a los empresarios y sindicalistas para que se juntaran a discutir sobre temas inherentes a las relaciones laborales.
Otra estrategia de Perón fue hacer lo posible para atraer capitales extranjeros. En este sentido, el proyecto más importante fue el petrolero. Argentina estableció un contrato con una filial de la Standard Oil de California, que consistía en la explotación de 40.000 (cuarenta mil) hectáreas en la provincia de Santa Cruz, pero finalmente, no fue aprobado en el Congreso por la oposición de diputados radicales y la renuencia de los propios legisladores peronistas.
Pero a pesar que algunas de estas medidas resultaron exitosas en la reducción de la inflación, no alcanzaron para palear la crisis en la industria nacional y en el campo.
La crisis se hacía sentir, y la oposición lo capitalizó. Así, el 16 de junio de 1955 se produce el primer intento de golpe de estado contra el gobierno peronista. Con escaso apoyo del ejército, aviones de la marina y la Fuerza Aérea, bombardearon la Plaza de Mayo.
Fue una de las mayores tragedias de la historia argentina. Mil personas murieron y una triste biografía de la violencia comenzaría en el país, que en las próximas décadas estaría signado por represión y la muerte.
En este contexto, Perón se encontraba refugiado en el Ministerio de Guerra y aunque sus detractores finalmente se rindieron, nada volvería ser como antes. El movimiento peronista salió con furia a las calles a reivindicar a su líder. Tres grupos organizados que partieron de dos reparticiones del Estado y del local del Partido Peronista, se dirigieron de forma separada a quemar iglesias.
Las fuerzas de seguridad y bomberos no intervinieron en los hechos y sólo se limitaron a apagar el fuego una vez terminada la quema de las iglesias. Al día siguiente, Perón no responsabilizó al partido por lo acontecido y culpó a los comunistas.
Quizá la única concesión que realizó en ese momento fue defenestrar a algunos ministros, pero su intento de aplacar a la oposición duró poco tiempo. A fines de 1955, pronunció su célebre discurso en el que sostenía: “por cada peronista que caiga, caerán 5 opositores”.
Los opositores al movimiento peronista tomaron esta advertencia como una provocación, y aceleraron el golpe militar. El contexto del país era de una polarización extrema, la sociedad entera tenía una opinión a favor o en contra de Perón. Eran días en los que nadie conocía la indiferencia.
El Ministro de Guerra, General Lucero, pidió parlamentar y leyó una carta en la que Perón solicitaba la negociación de un acuerdo. La carta no hablaba de renuncia, sí de renunciamiento, pero la Junta de Generales Superiores del Ejército decidió considerarla como una renuncia y negociar con los golpistas.
Cabe destacar que los gremios que habían apoyado a Perón durante ambas gestiones, en esta circunstancia no lo acompañaron, no hubo palabras ni hechos de los sindicatos a favor de su líder.
Finalmente, el 20 de septiembre Perón se refugia en la embajada de Paraguay, y luego partiría a Asunción, en lo que sería el comienzo de su largo exilio de casi 17 años.
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