Alberto Crescenti se recibió de médico emergentólogo en 1979. Está casado y tiene dos hijos. Desde 2006 está al frente del SAME por segunda vez. Ya había ocupado ese puesto entre 1991 y 1997. 'Soy fanático de Arthur Conan Doyle. Leer las historias de Sherlock Holmes me abrió la cabeza. Y lo utilizo en el trabajo: tengo una visión más abarcativa en los escenarios de las tragedias', dice Crescenti, a quien sus colaboradores apodaron 'hombre orquesta' por su habilidad para estar siempre en el lugar de los hechos.
P. ¿Cuál fue la peor tragedia en la que le tocó trabajar?
R. Sin duda, el atentado a la embajada de Israel [17 de marzo de 1992]. Llegamos cuatro minutos después de la explosión y todavía seguían volando cosas. Fuimos de camisa y corbata, porque era nuestra vestimenta, y nos sacamos todo y nos pusimos a laburar. Trasladamos 90 heridos en menos de una hora. Nadie comió, nadie durmió.
P. ¿Y el momento más difícil?
R. También ahí, en los escombros de la embajada. Después de nueve horas de trabajo escuchamos un grito. Y todos hicimos silencio. Fue el silencio más penoso de mi vida. Hasta que una mujer que estaba colgando de una medianera, atrapada, volvió a gritar y la rescatamos.
P. ¿Qué hace en los ratos libres? R. Leo libros y salgo a pasear o a comer con mi mujer. Pero nunca apago el celular. El otro día la dejé plantada comprando una luces cuando descarriló el tren del San Martín, en Palermo, y hubo 15 heridos. La dejé ahí y me fui. Está acostumbrada porque también ya la planté en más de una cena. Duermo en estado de vigilia. Pero mi familia es de oro.
Fuente: www.lanacion.com