Eugenia Plano – www.vidapositiva.com
31 de enero 2012
El mundo del deporte no queda afuera de esta tendencia. Los incombustibles andan sueltos por todas partes. Quizá el caso mundial más representativo en el arte de saltear obstáculos y salir ileso es Diego Armando Maradona. Su virtuosismo supo conmover, pero luego el tiempo lo conoció más por su lengua que por su brillante gambeta. “Él dice que yo me tengo que recuperar, de la droga.... Pelé debutó con un pibe, el negro, ¿sabían? Sí, debutó con un pibe, Pelé, tan bonito que es, y le pegó a la jermú”, “Me cortaron las piernas” o “Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”, frases que inmortalizaron esta vez al 10 por ser polémico e irreverente.
Ya no se hablaba de fútbol, Maradona era el protagonista de la crónica diaria por sus escándalos y exabruptos de cada día. Pero para no faltar a la verdad, Diego en pleno éxito ya cometía una transgresión histórica. En el Mundial de 1986 durante el partido de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra, el resultado era de 0 a 0. A los 6 minutos del segundo tiempo, durante el ataque argentino, el defensor Steve Hodge desvió la pelota hacia arriba y atrás del arco, y así llegaba la “Mano de Dios”.
El 10 que iba siguiendo el trayecto de la pelota, consiguió tocar con la mano en un instante fugaz, nadie lo había notado, la desvió e hizo un gol. El partido culminó 1 a 0, e inmortalizaría al jugador en la historia mundial del fútbol.
En la repetición se pudo observar claramente cómo Maradona logró el gol ayudado por su mano, una situación que el arbitro Ali Bennaceur fue incapaz de ver, por la rapidez del movimiento y la destreza del 10 de argentina. La transgresión apenas comenzaba.
Tiempo más tarde, Maradona sería célebre por otro tipo de polémicas que lejos estarían de su talento. En 1991 por primera vez sería sancionado por un resultado de doping positivo, por el consumo de cocaína. Pero 1994 quedaría en la memoria colectiva. Durante el mundial de los Estados Unidos, al término del segundo partido de la selección, fue elegido para realizarse un control antidopaje y dio positivo nuevamente. Aunque culpó a su médico por el incidente, fue obligado a dejar la concentración de su equipo. Allí pronunció su célebre frase “me cortaron las piernas”.
Este episodio no fue el último. En 1997 Maradona formaba parte del plantel de Boca Junios y nuevamente fue sorteado para un control y salió positivo. Diego interpuso una demanda alegando un supuesto complot, pero las pruebas eran irrefutables, había consumido sustancias ilegales. No hubo sanción porque se retiró de las canchas antes de que se dieran a conocer los resultados.
Amado y odiado, polémico y carismático, transgresor e irreverente. Maradona es una de las huellas digitales de la Argentina, y su personalidad le ganó al juego.
Quien también se convirtió en un emblema del mundo del fútbol argentino, pero no precisamente por su habilidad, destreza y talento, sino por su mandato eterno y causas judiciales en su contra es Don Julio Grondona.
Lleva 32 años al frente de la AFA, y supo conseguir cada mandato sabiendo como tener “buenas relaciones” con cada gobierno de turno, incluyendo la dictadura militar. El pasado 17 de octubre una cámara oculta de C5N lo mostró hablando de “plata sucia” y amenazando de muerte al periodista Alejandro Fantino. También, fue denunciado por enriquecimiento ilícito y tendría 12 cuentas de 20 millones de dólares en Suiza. Don Julio hace oídos sordos y sigue en el poder.
Un caso que inexplicablemente no sólo cayó en el olvido sino que su protagonista se ha convertido en un ídolo popular es el de Héctor “Bambino” Veira. El ex director técnico fue encontrado culpable por la justicia por intento de violación a un menor de 13 años, el 17 de octubre de 1987. Aunque la causa, sólo le exigió un pago a la familia de 110 mil dólares, fue claro que Veira cometió el delito.Hoy en día el Bambino es una de las figuras más aclamadas en el mundo deportivo, por sus frases, estilo humorístico y picardía. Es una gran incertidumbre cómo logró borrar de la memoria colectiva una causa por intento de violación a un menor de edad, por la cual fue encontrado culpable.
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