Eugenia Plano
11 de enero 2012
Su indudable talento fue premiado, con distintos galardones en 101 oportunidades. Por ejemplo, ha recibido 67 premios como el Balón y la Bota de Oro en el Mundial Juvenil, entre otros. Además, el año pasado fue nombrado Patrimonio Deportivo de la Humanidad, Ciudadano ilustre de la Ciudad de Rosario y Embajador de la Ciudad de Rosario.
Lionel es un joven especial en un contexto que lo aclama como “el mejor del mundo”, elige el silencio. Tendría hasta cierta legitimidad para ser arrogante y vanidoso, nadie lo cuestionaría demasiado ya que como dicen los argentinos “tiene con que”. Una gran paradoja la de su humildad, hasta recibió críticas de su país de origen por ello. “No tiene carisma”, es alguna de las objeciones que recibe por no vanagloriarse o vociferar sus éxitos a cuatro vientos.
Él sólo elige decir gracias.
No lo escuchamos emitir largos discursos. No lo vemos en los lugares indicados, en los momentos correctos para ser un personaje público que intente agradar y conformar a todo el mundo. No lo encontramos echándoles la culpa a otros cuando las cosas no le salen, ni tampoco dándose crédito cuando sí funciona su virtuosismo.
Es extraño, Lionel. Y por extraño, podemos decir original, es un hombre que en tiempos de exhibicionismos obscenos y estrategias para llegar lo más rápido posible a través del camino más corto, elige ser auténtico.
Messi no es más que él mismo, un joven humilde, silencioso y trabajador.
Nadie duda de su virtud, pero su talento tiene esfuerzo y sacrificio atrás. Su historia de vida es la de un sueño que hoy está prácticamente cumplido, pero antes hubo un niño que dejó el alma en esa pelota que hoy tantas satisfacciones le ha brindado.
¿Cómo nació esta biografía de éxito y plena humildad?
Antes de la celebridad a nivel mundial, Lionel es; como suele ocurrir con los íconos; protagonista de un pasado de padecimientos.
Con tan sólo 8 años, tuvo que someterse a un tratamiento especial para poder tener un desarrollo de crecimiento normal. Cuando los medios le preguntan su recuerdo de aquella etapa, Messi no olvida como todas las noches, sentado en su cama debía inyectarse la medicación en ambas piernas. Es conmovedor, como un chico de tan corta edad soportaba el dolor pensando en su sueño de ser futbolista, esa era su motivación para resistir.
Pero, el tratamiento debía avanzar, y este avance suponía un monto económico altísimo. Su padres, no podía afrontarlo.
Pero, como sucede en las historias de sacrificio, la solución llega. A su padre le ofrecieron un trabajo en la localidad de Lérida, en España. La familia Messi se traslada hasta allí, y la pasión por el fútbol de Lionel empezó a materializarse en una realidad. Se probó en el Barça y su talento fue tan evidente para el club, que a partir de entonces no lo dejaron ir. Tenía 13 años y hoy es el delantero derecho que conmociona, emociona y sorprende cada vez que enfrenta un partido.
Sus orígenes no son un dato de su biografía, son su orgullo. el rosarino nunca deja de afirmar como le emociona ver banderas del Che Guevara y de Diego Maradona, así como los colores argentinos por el mundo identificados con su nombre.
Es extraño como Lionel se comporta como “número uno“: humilde y silencioso sigue creciendo como si la presión por ser el mejor le sucediera a otro. Él sólo juega al fútbol, hace su trabajo, se apoya y cree en sus compañeros de equipo, respeta y cumple las reglas de su Director Técnico, y por sobre todas las cosas, ama lo que hace.
Alguien especial. Un “mejor del mundo” que calla y sigue trabajando.
www.vidapositiva.com