Eugenia Plano
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Hoy en día, con las celebridades ocurre todo lo contrario: sólo trabajan unas pocas horas o algunas ni siquiera se les conoce un oficio y ocupan gran parte de su tiempo hablando en radio, mostrándose en tevé o bien dando fuertes declaraciones en una tapa de revista ¿Por qué existe una compulsión de las figuras públicas de contar toda su vida a través de la pantalla chica? La tendencia de convertir al medio en un diván.
Si uno repasa la grilla televisiva, la ficción es sólo una anécdota, los programas periodísticos emigraron al cable, y así, el 70 por ciento de los ciclos en la pantalla chica son sobre la divulgación de la vida privada de las celebrities. Aquellos que no tienen la información de primera mano, se ocupan de repetir; cual disco rallado, todos los escándalos del día.
La tendencia no sólo sucede en Latinoamérica, también se observa como en España, Inglaterra o Estados Unidos los medios gráficos, televisivos o radiales exhiben las desventuras de celebridades o famosos que sin haber trabajado nunca, cobran fama instantánea sin ningún mérito a la vista.
La razón de esta exhibición permanente de la vida privada de los 'mediáticos' es funcional a los medios en dos sentidos: son programas de bajísimo presupuesto y además, miden altos índices de ratings.
Pero no sólo de ciclos de chimentos se trata la cuestión. La televisión argentina por ejemplo, cuenta con diversos recursos para explotar el escándalo en distintos formatos. El programa más visto es 'Bailando por un sueño' conducido por el exitoso presentador Marcelo Tinelli. La danza sólo ocupa el 20 por ciento de la emisión del programa ya que el 80 por ciento del tiempo el ciclo se sustenta en chicanas, peleas o relatos escandalosos de la vida privada de los participantes, incentivados por el conductor del programa y fogoneados por un 'jurado' que lejos de puntuar hace el trabajo de bufón del rey del ciclo.
En este sentido, los famosos deben pelear por obtener un lugar en una televisión que pide una miserias para poder medir alto. Infidelidades, difamaciones o criticar sin sentido a un colega son algunas de las opciones para tener prensa y no morir en el intento.
Aquellas figuras que sin trabajo o talento a la vista han accedido a largas horas de cámara se conocen con el título de 'mediáticos'. En la Argentina, nacen en la década del ´90 y tuvieron su pico de popularidad durante el escándalo suscitado en el caso Coppola y luego de la mano de Silvia Suller, que hizo escuela en eso de vivir de escándalo sin tener ninguna capacidad o vocación para lo laboral.
Hoy en día los mediáticos forman parte del staff permanente de la televisión y a nadie parece extrañarle su falta de talento para trabajar, sino más bien se habla en cuestiones de éxito o fracaso de una figura según 'cuánto mide en pantalla'.
Pero, ¿qué se necesita para ser mediático? ¿cuál es su radiografía? Su denominador común es lanzarse a la fama a partir de un escándalo. Desde entonces deberán saber contar el hecho con eufemismo, tener la capacidad de relatar un suceso verídico o inventado sobre su vida privada, vincular siempre lo sucedido con algún famoso y sobre todo no tener vergüenza para pelear a capa y espada un lugar que puede darle años de pantalla o sólo durar un instante.
Así, la 'realidad ficcionada' y la autorreferencia de la nueva televisión ocupa casi toda la grilla de la pantalla chica argentina. La vida privada de famosos, con veinte minutos de fama, se convirtió en el suceso comercial mediático de la década. Contar o contar, esa parece ser la cuestión.
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