Omar Romano Sforza
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¿Pero de dónde parte esta realidad a través de la cuál los niños en los Estados Unidos tienen contacto con armas de fuego? Las noticias reflejan cómo chicos menores a los 10 años han tenido accidentes o los han producido a terceros por tener acceso directo a las armas.
Según un estudio realizado por RAND-UCLA, más de una tercera parte (35%) de los hogares con niños -esto es: 22 millones de menores de 18 años en más de 11 millones de hogares- tienen al menos un arma de fuego. Sólo un 39% de esas familias mantiene sus armas bajo llave, descargadas y lejos de la munición como recomienda la Academia de Pediatría Americana. De este porcentaje se infiere, que un 61% de los hogares deja un arma de fuego al alcance de sus hijos. La investigación revela, que más del 43% de estas familias aseguran que en la casa existe una o más de una pistola lista para ser usada (es decir, sin seguro y cargada) y un 9% de las familias se jacta de que su armamento está listo para usar y en un lugar de fácil acceso.
¿Cómo comprender la naturalización que mantiene el estadounidense con las armas? En una entrevista a cargo de Le Monde a Pap Ndiaye, historiador en la Ecole des hautes études en sciences sociales, esgrime una explicación a la cultura del arma de fuego en los Estados Unidos: 'Existe una parte de la población americana para quienes poseer un arma no es únicamente un derecho, sino una protección indispensable. Por otra parte, la difusión masiva de armas de fuego incrementa su utilización rutinaria en situaciones de delincuencia, de conflicto, etc. Cada año se registran alrededor 10 000 homicidios por arma de fuego en los Estados Unidos'.
Pero, quizá lo más alarmante sea que a pesar de las consecuencias de esta cultura armamentista, nadie se sorprenda ya demasiado ante los hechos que vinculan a la muerte y las armas de fuego. El historiador francés sostiene que 'aunque la cultura del arma de fuego afecta a la mayoría de los estadounidenses, pero eso no es objeto de una movilización política suficiente que permitiera hacer retroceder al poderoso grupo de presión de armas y los intereses económicos asociados. Gracias a la Asociación Nacional del Rifle, desde 2005, los fabricantes de armas y de municiones están al abrigo de toda acción judiciaria'.
Un mercado que vende cada año cerca de dos millones de pistolas y más de cuatro millones de armas de fuego en general. Así, bajo el amparo de la ley, según informa la página web de la Campaña Brady para la Prevención de la Violencia de las Armas, en sólo 1 día más de 170 personas habían sido heridas por un arma de fuego. Además anualmente se producen más de 700 muertes en accidentes domésticos y las armas son el instrumento responsable de 17.000 suicidios.
Entonces, ¿cuándo comienza esta naturalización? Para Pap Ndiaye las armas no siempre fueron parte de la cultura americana. 'Antes de la Guerra de Secesión, -explica- muy pocos americanos poseían armas, comprendiendo a los habitantes del Oeste, que tenían más libros que fusiles . A partir de 1860, las armas se generalizaron, llegaron a ser menos caras y más precisas, fueron promovidas por los industriales del armamento y los políticos. Las armas formaron parte de la cultura popular gracias a personajes como Buffalo Bill, cazador de bisontes, que presentará la conquista del Oeste como una historia de carabinas y colts. La Asociación Nacional del Rifle (NRA) fue fundada en la misma época, en 1871, y ha mantenido relaciones estrechas con el poder político hasta nuestros días'.
El historiador francés también menciona la Segunda Enmienda de la Constitución estadounidense como factor fundamental para la legitimación de la posesión de armas de fuego y propagación de las mismas como una cultura en sí misma. Esta ley estipula que no se puede restringir el derecho de las personas a tener y portar arma y es así funcional a grupos extremistas como la NRA, que se sienten amparados bajo las normas.
El límite de una conducta que se naturaliza es la vida. Las armas al alcance de los niños han traído consecuencias fatales como accidentes que le costaron su propia vida. Una cultura que destruye, merece al menos un debate social.
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