Silvia Pisani
Washington - 6 de Noviembre 2011
“A simple vista, puede parecer una cosa pequeña pero, modestamente, creo que se merece un lugar en el libro que cuente la batalla de los consumidores por hacerse respetar”, dijo Norma García, una de las directivas de Consumers Union, una ONG encargada de defender los derechos de quienes representan el último escalón en la batalla de consumo.
Fue, además, una pulseada rápida. Hace un par de meses, Bank Of America –una de las entidades con mayor cantidad de cajeros automáticos en el país- anunció la intención de cobrar un arancel de 5 dólares mensuales a los clientes que empezaran a usar la tarjeta bancaria para pagar sus compras, en lugar de hacerlo con su tarjeta de crédito. La intención del banco rápidamente entusiasmó a otras entidades, que vieron en ese mecanismo una forma de ganar nuevos ingresos y, al mismo tiempo, penalizar el retroceso que se advierte en el uso de tarjetas de crédito.
Pero, inesperadamente, esos “apenas cinco dólares” fueron la gota que rebalsó el vaso en una sociedad irritada con los abusos de su banca. En forma silenciosa, comenzó una intensa movilización por las redes sociales, llamando a resistir el cobo del arancel. “Fue como un movimiento de hormigas, lento, pero imparable”. Más de 300.000 personas firmaron un petitorio en el que se plantaron en contra del cobro, mientras que otros 21.000 amenazaron a por igual medio con cerrar sus cuentas si el banco decidía aplicar el cobro.
La pulseada llegó al final cuando, atemorizado por las consecuencias y la eventual sangría de clientes, el banco dio marcha atrás.
“Ha sido un caso impresionante”, dijo García. Aludía al hecho adicional de que fue una puja ganada en el terreno de Wall Street. Pero no ha sido la única: semanas atrás, también la empresa de servicios de entretenimiento por Internet Netflix fue objeto de una campaña parecida por un irritante cambio en su política arancelaria.
En momentos en que en decenas de ciudades del país se repiten los movimientos de “indignados” por la falta de empleo y la incertidumbre económica, la pulseada de los consumidores se abrió paso a su propio estilo.
Por lo pronto, aquí se lo vio como un nuevo ejemplo del creciente poder de las redes sociales en el mundo político y de los negocios.
® www.vidapositiva.com