Por Eugenia Plano | www.vidapositiva.com
Argentina es un país atravesado por períodos cíclicos. Sin dudas, ningún lugar está a salvo de las crisis y hasta los gigantes han caído en sus propias trampas. Pero, la cruz del sur es un lugar en el cuál nadie se sorprende demasiado en el acto de “caerse, levantarse y volverse a caer”.
La historia reciente nos ha reflejado cómo las distintas gestiones gubernamentales han creado espejismos que el tiempo ha logrado quebrar. El menemismo con su exitismo voluptuoso y exagerado creó una de las máximas dicotomías sociales experimentadas en el país. La brecha entre ricos y pobres y los altos índices de desocupación, generaron altos niveles de exclusión social y pobreza, expulsando parte de la clase media a la clase baja.
Hace tan sólo una década atrás, cuando una sociedad pensaba en la esperanza de la inclusión, llegó la Alianza. El 2001 fue tristemente célebre para todos los habitantes del país, Domingo Cavallo reemplazaba a Ricardo López Murphy en el Ministerio de Economía. Chacho Alvárez pegaba el portazo. Fernando de la Rúa intentaba gobernar un país que ya en mayo de ese año mes albergaba 11,8 millones de pobres. Luego, llegaba el corralito financiero y la explosión social en las calles que pedía a gritos “que se vayan todos”.
Todos se fueron de la peor manera, con manifestantes asesinados por la policía, un Presidente que abandonaba la Casa Rosada en helicóptero y una sociedad a enfurecida y a la deriva.
Al año siguiente llegaron las falsas promesas: “quién depositó dólares, recibirá dólares”. No hubo devoluciones, pero sí nacieron los “patacones” y las demandas por la reivindicación de la dignidad del ciudadano argentino, seguían a la orden del día.
Diez años han pasado de estos acontecimientos que travesaron a todos los argentinos, y bien vale el análisis de cómo el país ha seguido su curso. La Argentina, ¿ha revertido significativamente su índice de pobreza? Tras las innumerables crisis económicas, ¿se ha tornado un país más inclusivo? O bien, ¿la identidad cíclica es la constante?
La técnica más eficaz para reflejar la fotografía de un país es el cálculo de los hogares y las personas bajo la Línea de Pobreza (LP) ¿Cuál es el procedimiento para calcularlo? El procedimiento se realiza a partir de un dato fundamental, el ingreso de los hogares. En este marco, se establece si éstos tienen capacidad de satisfacer, a través de la compra de bienes y servicios, un conjunto de necesidades alimentarias y no alimentarias consideradas esenciales. El parámetro para medir la funcionalidad de los salarios, es la Canasta Básica de Alimentos y para calcular la incidencia de la pobreza se analiza la proporción de hogares cuyo ingreso no supera el valor de la misma.
Teniendo en cuenta esta metodología para calcular el Índice de Pobreza, Argentina ha tenido grandes variaciones en el resultado de esta estadística.
Según informa la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), dependiente de la Organización de Naciones Unidas, Argentina hace una década atrás, en el año 2002, presentaba un Índice de Pobreza de un 45.9% sobre el total de la población. En cambio, según sus últimas investigaciones, el porcentaje actual sería del 8.6 %.
Estos datos forman parte de una investigación realizada por el organismo titulada Panorama social de América Latina 2011, que analiza las tasas de pobreza de América Latina de los últimos veinte años. El contexto de la disminución del índice de pobreza coincidiría con el resto de la región que entre 1990 y 2010 redujo 17 puntos porcentuales (de 48,4 % a 31,4 % de la población). En este marco, el CEPAL sostiene que este indicador se sitúa en su nivel más bajo de los últimos 20 años.
Además de organismos a nivel internacional, Argentina en el ámbito gubernamental crea su índice a través del INDEC. En el año 2001 este mismo organismo reflejaba que el 35,9% de la población estaba bajo la línea de pobreza.
Estos son los resultados actuales (año 2011) extraídos a partir de la última Encuesta Permanente de Hogares (EPH).
Pero, en la información de estos datos, cabe una aclaración. El INDEC en la Argentina, no goza de mayor prestigio o exactitud precisamente. A comienzos de 2007 este organismo fue intervenido por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y los números se volvieron difusos.
En este marco, algunas consultoras privadas realizaron su propia investigación y los números fueron distintos. Según el Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina, sus resultados triplican las cifras oficiales. “Los niveles de pobreza son entre tres y cuatro veces superiores a los que informa el Instituto Nacional de Estadística y Censos debido al proceso inflacionario”, informa el estudio de la UCA.
La investigación reconoce que la situación con respecto a la pobreza mejoró con respecto a 2006, entre 2009 y 2010. En lo que concierne al índice de indigencia para el INDEC entre 2006 y 2010 descendió del 10% al 2,5%”. En cambio para UCA “hubo sólo una mejora menor, pasando los niveles de indigencia del 12,1% en 2006 al 9,3% o al 10,9% en 2010, dependiendo del valor que se utilice para la canasta”. Es decir, tener en cuenta la inflación es un detalle que los valores oficiales han pasado por alto.
La última década en la Argentina estuvo atravesada por un sinnúmero de acontecimientos que marcaron las crisis financieras, sociales, estados ausentes, presentes y procesos inflacionarios. Si repasamos cada diez años al país, este listado de sucesos indican una identidad cíclica.
Sólo queda todavía encontrar la respuesta a la pregunta,
¿por qué nos pasa siempre lo mismo?www.vidapositiva.com