Cuando hoy en día escuchamos el término honor, inevitablemente pensamos en pasado. Se nos vienen a la mente aquellos hombres y mujeres de antaño, que anteponían los valores como prioridad.
Hoy en día, tenemos que pensar hasta su propio significado. Es un término que ha quedado en desuso y hasta nos parece 'antiguo', 'pacato' o 'demasiado serio'. Podríamos atribuir su ausencia, a los cambios en el vocabulario o al aggiornamiento discursivo. Pero, ¿no es demasiado casual? ¿Por qué algunos términos han quedado en el olvido? ¿Las palabras, los discursos y las acciones no son un todo coherente?
Este interrogante podría encontrar su refutación, en el argumento que plantea que un término puede encontrar un nuevo sinónimo en tiempos actuales. Así, no necesariamente, su significante desaparece sino que encuentra una nueva forma para darle voz. Pero, ¿cuál es la actual forma de mencionar el honor?
Para recordar su significado este término, la Real Academia Española lo define como la 'cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo' Es decir, quien ejerce el honor es quien al actuar no sólo piensa en si mismo sino en los otros. Lejos del egoísmo, ser honorable es ejercer la dignidad siempre teniendo en cuenta a sus semejantes.
En este sentido, el término se aplica en el título y presentación de las instituciones públicas de un país: 'Honorable Cámara de Diputados o Senadores' o el 'honrable Presidente de la Nación'. Evidentemente, el término reflejaría los objetivos que un primer ministro, un legislador o un funcionario deberían llevar a la práctica.
Paradójicamente, en la actualidad en las pocas oportunidades que escuchamos mencionar 'honor' es en la presentación de una institución o cargo público. Pero rutinizamos la palabra, casi ni la escuchamos, ya que al conocer como la clase política muchas veces no hace honor a su título, hemos olvidado de qué se trata.
Entonces, ¿quiénes debemos ejercer el honor? Nosotros. No hay dudas, que presenciamos tiempos más individualistas y narcisistas, pero nunca es tarde para barajar y dar de nuevo. Si quienes deberían dar el ejemplo, no lo hacen, existe la sociedad para reencausar los valores como la dignidad, el respeto y la consideración por el otro.
No es lo mismo ser honorable o no serlo. Tener honor no es más que ser consecuente con nuestros deseos y en ese camino dignificar, tener en cuenta e incluir a nuestros semejantes. Es tener la valentía y el coraje de ser coherente, en las palabras y en los hechos.
Tener honores puede ser sinónimo de un poder que no responde, pero tener honor es nuestra responsabilidad y ejercerlo depende de uno mismo. Saquemos del baúl de las palabras perdidas, un término que genera buenos valores y conciencia social.
Todavía hay muchas personas que silenciosamente son honorables, imitemos el buen ejemplo. Tal como expresó el gran autor William Shakespeare: 'El honor es una esencia que no se ve. A menudo tienen honor los que no le tienen'.
Por Eugenia Plano | www.vidapositiva.com