Silvia Pisani
Corresponsal en EE.UU.
WASHINGTON.- La noticia fue un alivio para la Casa Blanca, que expresó su satisfacción al enterarse de que el presidente chino, Hu Jintao, participará, dentro de pocos días, en la cumbre sobre seguridad nuclear a la que convocó Barack Obama y que también aceptó entablar 'negociaciones serias' sobre la posibilidad de aplicar nuevas sanciones a Irán por su programa nuclear, pese a que reiteró su postura favorable a una 'solución pacífica'.
'Es un paso muy importante', ponderó uno de los voceros de la Casa Blanca, Bill Burton, al ser consultado al respecto. Hasta ayer, el silencio del gobierno chino sobre su decisión de participar o no en la cumbre de seguridad se tomaba como un dato inquietante dentro del panorama complicado que, en las últimas semanas, experimentó la relación entre Washington y Pekín.
La cumbre en la que ahora se confirma la asistencia de Hu Jintao comenzará el 12 del actual, y en ella está previsto que participe también la presidenta Cristina Kirchner, junto con otra treintena de jefes de gobierno.
Uno de los temas centrales será la actitud internacional frente al desarrollo nuclear iraní. Washington espera una 'fuerte presión' para que Teherán acceda a la inspección de todas sus centrales nucleares. Y procura, en forma paralela, la adopción de sanciones por parte de las Naciones Unidas.
En declaraciones efectuadas a bordo del avión presidencial Air Force One, y en pleno viaje de Obama hacia el norte del país, Burton afirmó que el mandatario demócrata estaba 'encantado' con el anuncio del gobierno chino. Y, aun en el caso de que China mantenga matices en su posición respecto de los Estados Unidos, el gesto se interpretó aquí como un paso positivo en la diplomacia norteamericana, fortalecida en los últimos días con el acuerdo de desarme nuclear sellado con Rusia.
El paso de Pekín muestra que tanto los Estados Unidos como China 'pueden trabajar juntos' en cuestiones de proliferación nuclear a pesar de 'no estar de acuerdo' en otros temas, dijo el vocero Burton.
La relación entre ambos países ha estado tensa durante los últimos meses por un abanico de cuestiones, que van desde la política cambiaria china y su impacto sobre el dólar y la censura china sobre Internet, hasta la venta de armas estadounidenses a Taiwán, considerada una provincia separatista por Pekín. A ello se sumó la decisión de Obama de recibir, en la Casa Blanca, en febrero pasado, al Dalai Lama, el exiliado líder espiritual del Tíbet, territorio que quiere ser independiente y que China considera propio.
El vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Qin Gang, se abstuvo de confirmar si habrá o no alguna reunión de trabajo oficial entre los dos líderes. La Casa Blanca mantuvo ayer igual cautela, aunque la conjetura es que habrá un encuentro. Al menos fue evidente ayer la coincidencia de gestos en ambas partes para mejorar una relación bilateral estratégica, que envuelve a la primera y a la tercera mayores economías del mundo.
'El vínculo entre China y Estados Unidos es una importante relación bilateral, y espero que pueda seguir el camino de un desarrollo saludable, estable e integral en el largo plazo', dijo Qin en conferencia de prensa.
En Washington se ve con inquietud la política de cambio china, terreno en el que objetan un 'fuerte intervencionismo' gubernamental orientado a impulsar artificialmente las exportaciones del gigante asiático.
'El tema más importante en nuestra relación bilateral con los chinos es su manipulación de la moneda y su efecto sobre los empleos estadounidenses. Ninguna posición de cooperación de China sobre otros temas debe desviarnos de lograr un trato cambiario justo', dijo ayer el senador demócrata Charles Schumer.
El legislador instó a mantener 'la presión necesaria' sobre Pekín para que revalúe el yuan.
LA NACION