España, con el presidente del Gobierno a su cabeza, llegó a creerse un país rico. Incluso muy rico. En una entrevista concedida a EL PAÍS en enero de 2007, José Luis Rodríguez Zapatero no veía límites. 'Estamos seguros de que vamos a superar a Alemania y a Italia en renta per cápita de aquí a dos, tres años. Les vamos a coger'. ¿Vamos a superar a Alemania en renta per cápita? 'Sí. Claro que sí. Sí'. ¿En solo dos o tres años? 'Sí, sí. De aquí al 2010 les podemos superar perfectamente. Igualar y superar ligeramente'.
En septiembre de ese año, cuando la crisis apenas asomaba, Zapatero presumía de haber situado a España en la élite económica: 'En esta Champions League de las economías mundiales, España es la que más partidos gana, la que más goles marca y la menos goleada'. Desde entonces, la selección ha ganado el Mundial y el Barça ha conquistado su cuarta Liga de Campeones, pero España ha sufrido su peor crisis económica en más de medio siglo.
“España se encomendó al endeudamiento y la plusvalía más que a la economía productiva”
Ha sido el despertar de un sueño, de un embeleso con un milagro económico que resultó no ser tal. Y, a la vez, el comienzo de una larga pesadilla que ha puesto casi todo en cuestión: el sistema financiero, las relaciones laborales, el modelo de Estado, la calidad de la democracia, la sostenibilidad del Estado del bienestar (sanidad, educación, pensiones, dependencia...), la inversión en obras públicas.... Buena parte de las conquistas de estos últimos 35 años están en entredicho. Las protestas en la calle, como la del Movimiento 15-M son un síntoma de cómo el paro, los recortes, las reformas han llevado de la euforia a la decepción. Y, en parte también, al miedo al futuro.
Los políticos, que deberían aportar las soluciones, aparecen ellos mismos en las encuestas del CIS como el tercer mayor problema para los ciudadanos. El choque de las promesas (¡el pleno empleo!) con la realidad ha condenado al presidente del Gobierno -y a todo su partido- a sus cotas de popularidad más bajas, pero el líder de la oposición y probable recambio en el poder genera también una gran desconfianza, según las encuestas. Los sonados casos de corrupción, la politización de la justicia, la radicalización de parte de las élites y las disputas territoriales terminan de complicar un mapa en el que la crisis política se suma a la económica.
Pero es sobre todo esta última la que ha hecho cambiar el estado de ánimo del país en solo unos años. 'En el verano de 2007 se interrumpe la lenta digestión de los excesos acumulados en uno de los periodos más dilatados y brillantes de la economía española. Los desequilibrios que afloran entonces requerirán varios años de ajuste y la adaptación de un buen número de sectores a condiciones mucho menos favorables de oferta y demanda', señala Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales.
'Es el fin de la enfermedad española (o al menos eso espero): la creencia extendida durante una década de que la riqueza podía venir del endeudamiento y de la plusvalía, más que del trabajo bien hecho y de producir cosas eficientemente capaces de ser vendidas en mercados competitivos', sostiene Antón Costas, catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona. 'Otro rasgo de esa enfermedad fue creer que el gasto en obras públicas faraónicas (autopistas, AVE, aeropuertos, pabellones deportivos, museos, etcétera) generaría por sí solo riqueza. Ese es el sueño del que hemos despertado. Para bien', concluye.
“Ahora está en entredicho el Estado de bienestar, la inversión pública y las relaciones laborales”
La economista Carmen Alcaide, expresidenta del Instituto Nacional de Estadística, coincide en el diagnóstico: 'Hemos vivido una especie de espejismo con cierto abandono de la economía real y una prepotencia de la economía financiera que nos ha empujado a actuaciones poco realistas y nada adecuadas a nuestro verdadero nivel de producción y riqueza'.
Con todo, aun sin llegar a alcanzar un Estado del bienestar equiparable al de los países más avanzados, España ha recuperado en las últimas décadas buena parte del atraso que acumulaba. 'En los 50 años que han pasado entre el Plan de Estabilización de 1959 y 2009, España está en el grupo de países que más ha crecido en el mundo junto con Japón, Singapur e Irlanda. En la última década, entre 2000 y 2009, España creció un 24,4%, el doble que el área euro, casi tres veces más que Alemania, dos veces más que Francia y 10 veces más que Italia', subraya Guillermo de la Dehesa, que fue secretario de Estado de Economía de 1986 a 1988 y en la actualidad, entre otras ocupaciones, es presidente del CEPR (Centre for Economic Policy Research) de Londres.
España, sin embargo, atraviesa ahora al menos un lustro perdido en términos de crecimiento. El nivel de actividad alcanzado en el año 2008 no se recuperará hasta 2013, según las previsiones de los economistas. Y la tasa de paro no volverá en una década a los mínimos que marcó justo antes del inicio de la crisis.
'Hemos disfrutado de dos o tres décadas de crecimiento muy rápido pero si analizamos la calidad del crecimiento parece que no hemos avanzado mucho en términos de renta per cápita relativa con respecto al resto del mundo, y que seguimos teniendo un problema serio de sostenibilidad del crecimiento: si la productividad no crece, es muy difícil mantenerse a base de crecimiento de la población', explica Ángel Ubide, investigador visitante del Peterson Institute en Washington.
“Tras crecer con fuerza en las últimas décadas, la economía afronta ahora un lustro perdido”
Ubide cree que quizá la mejor manera de entender el problema sea el elevado déficit por cuenta corriente, que llegó a casi el 10% del PIB. En sí no era un problema. 'Si se hubiera destinado a actividades que generaran un aumento permanente de la productividad ahora gozaríamos de una perspectiva de crecimiento futuro muy saludable que permitiría financiar el déficit. Pero como lo dedicamos sobre todo a consumo e inversión inmobiliaria, ahora la perspectiva de crecimiento futuro es frágil', sostiene.
Alcaide señala que el clima generalizado de dinero fácil y barato llevó a las empresas cuyo objetivo inicial era la producción de bienes y servicios a meterse en negocios financieros que les aportaban mayores plusvalías y que les exigían un endeudamiento excesivo. Las familias, confundidas con el efecto riqueza provocado por la elevación de los precios de los activos y con las expectativas de ganancias fáciles, se endeudaron por encima de sus posibilidades. Las Administraciones públicas, especialmente las comunidades autónomas, también aumentaron sus gastos, en gran parte en gasto corriente, por encima de su capacidad de ingresos.
'En conjunto', dice Alcaide, 'el país se endeudó viviendo, consumiendo e invirtiendo más de lo que habría sido adecuado a sus niveles de producción, renta y capacidad de endeudamiento. Ahora, cuando persisten las dificultades de financiación, muchas empresas han quebrado, otras no pueden pagar sus deudas, los bancos y cajas han visto reducirse el valor de sus activos y no tienen liquidez suficiente. Al final, los más perjudicados son los ciudadanos que han perdido su trabajo o no pueden encontrarlo'.
“Empresas y familias se endeudaron demasiado y las Administraciones se excedieron en el gasto ”
Son los 4,9 millones de parados con que cuenta España, un récord histórico que constituye su mayor problema económico y social y que se ceba especialmente con los jóvenes y los inmigrantes. El Fondo Monetario Internacional ha alertado en más de una ocasión del riesgo de una generación perdida que implica la elevada tasa de paro juvenil, superior al 40% (más del 50% en algunas provincias). Es el riesgo de que las puertas del mercado laboral estén demasiado tiempo cerradas para una buena parte de los jóvenes, con consecuencias difíciles de reparar. La inmigración, que junto con la bajada de tipos de interés por la entrada en el euro fue uno de los motores del crecimiento, ahora engrosa las listas del paro. De 4,9 millones de desempleados, 1,1 millones son extranjeros.
Un gran aumento del gasto en prestaciones ha permitido mantener cierta cohesión social pese a lo brutal del desempleo. Pero la crisis complica la emancipación de los jóvenes, castiga la natalidad y hasta juega contra la igualdad de sexos en el trabajo, según algunos estudios en un país en que las mujeres siguen cobrando menos que los hombres y en el que, pese a la ley de igualdad y a los Gobiernos paritarios de Zapatero, han ganado presencia de modo lento e insuficiente en las esferas de poder, más en la Administración que en la empresa.
En todo caso, al lado del sueño de la riqueza fácil del que España ha despertado, Antón Costas sostiene que sí ha habido a la vez un milagro económico: la apertura e internacionalización de la economía y el extraordinario comportamiento de las exportaciones desde finales de los noventa, pese al viento en contra de un euro fuerte y la nueva competencia de China y otros países emergentes. 'Ese milagro se apoya en cuatro pies', explica Costa.
'Primero, una transformación del tejido empresarial, que ha creado un grupo importante de empresas capaces de competir en los mercados internacionales. Segundo, la aparición de una nueva generación de directivos y de profesionales liberados del tradicional complejo de inferioridad de generaciones nacidas durante el franquismo. Tercero, la consolidación de unas instituciones de enseñanza superior e investigación potentes. Y, cuarto, unas instituciones de bienestar que han fomentado la igualdad de oportunidades y la mejora de la salud y la vejez'.
“Los 4,9 millones de parados son el problema económico y social más grave de España ”
Lo que ahora toca hacer, según Costas, es cuidar y hacer más eficientes esas cuatro fuentes del milagro. Especialmente, mediante una colaboración amplia que fomente los vínculos entre universidades y empresas para lograr crear un conocimiento útil y la búsqueda de mayor eficiencia y equidad de las instituciones de bienestar social.
Los recortes asociados a la crisis, sin embargo, pasan también factura a la investigación y a la ciencia. España, además, mantiene una brecha digital frente a los países desarrollados. Y en cuanto a las renovables, señaladas también como motor del cambio de modelo, una política energética mal diseñada y peor ejecutada han convertido a las energías verdes más en un problema que en una solución.
Emilio Ontiveros intenta ver el lado bueno. 'A medio plazo, el potencial de la economía española sigue radicando en ventajas difíciles de cuestionar, algunas de ellas engendradas o acumuladas en esa fase expansiva, como las dotaciones de capital y un grado de diversificación del patrón de producción bien insinuado, susceptible de garantizar que aun cuando sea menor, el crecimiento pueda ser mejor que el que presidió esa década que interrumpe la crisis global de 2007'.
Ubide opina que, de alguna manera, la crisis puede sembrar la semilla de un futuro mucho más próspero. 'Aunque tenga que ser de una manera muy acelerada por las presiones externas, las reformas que se están adoptando son un paso adelante hacia un modelo de crecimiento sostenible y duradero. Si se profundiza en dichas reformas y no se quedan en promesas, el futuro será brillante. Si no, puede ser bastante oscuro' advierte.
“ La mejora de la productividad es la vía para aumentar el nivel de vida de la sociedad ”
Del mismo criterio es Guillermo de la Dehesa: 'Las crisis y recesiones tienen que ser utilizadas como oportunidades para hacer las reformas estructurales más necesarias, que nunca se toman en los periodos de auge, y que son las que pueden aumentar el crecimiento potencial de la economía'. De la Dehesa subraya que la reciente crisis de deuda soberana ha hecho que estas reformas hayan tenido que ser impuestas por la Unión Europea a España para evitar el contagio y reducir los aumentos de las primas de riesgo. 'Para poder recuperar tasas de crecimiento aceptables lo antes posible, no hay otra alternativa que reformar a fondo el mercado laboral, la negociación colectiva, la educación y la formación profesional', concluye.
La riqueza, el nivel de vida de una sociedad depende, básicamente, de su productividad. Y la productividad depende a su vez en buena medida de la formación, experiencia y tecnología. Los empleados españoles trabajan más horas que los alemanes, pero son menos productivos. Por eso, España se ha despertado del sueño de la riqueza y está lejos de alcanzar a Alemania, como profetizaba Rodríguez Zapatero.
Compartido por Omar Romano – Madrid
Fuente: http://www.elpais.com/