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Protagonistas [13/9/2011]
Ernesto Guevara, antes de ser el Che
Carlos y Ernesto fueron de esos amigos que sabían que la solidaridad era el único camino posible para el éxito
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Hay algo que sucede en las amistades de la adolescencia que luego el tiempo difícilmente puede lograr. La fraternidad, el cariño desinteresado, el aprender y el equivocarse juntos y tener todo el tiempo por delante, que tanto asusta como envalentona. Esta es una historia de una amistad, de dos jóvenes a los que la vida unió y luego la historia les signó caminos distintos. Uno de ellos es Ernesto Guevara, que allá por el año 1950 era un estudiante de medicina y un apasionado jugador del rugby. Su amigo, Carlos Pisani, estudiante de ingeniería y capitán del Atalaya Polo Club, el equipo que los unía en el deporte y en el espíritu de saber que uno sin el otro, eran menos.

Carlos y Ernesto fueron de esos amigos que sabían que la solidaridad era el único camino posible para el éxito. Parecidos y diferentes, mantuvieron un lazo en el que el compañerismo era su filosofía.

El tiempo convirtió a Ernesto en el 'Che' y hoy Carlos recuerda a su amigo. En una entrevista exclusiva con Vida Positiva, Carlos Pisani nos revela su signo apolítico de la juventud, su gran inteligencia que lo hacía distinto y su idealismo y espíritu de aventura. Todas las experiencias compartidas y lo mejor de una historia de un hombre que todavía no había cambiado la historia.

V.P: ¿Cómo lo conoció?
C.P: Lo conocí jugando al rugby en el Atalaya Polo Club, cuando éramos estudiante universitarios. Él con su carrera de medicina y yo con la ingeniería. Nos unía, en un principio, la pasión por el rugby. Compartimos mucho tiempo que se convirtió en una amistad. Siempre hubo entre nosotros un gran compañerismo.

V.P: El rugby es un deporte en el cual la idea de equipo es imprescindible, ¿cómo podría definir al Che en este sentido, como compañero de equipo?
C.P: Hay una anécdota que describe muy bien a Ernesto como compañero. El Che era muy asmático y en uno de los partidos cae al piso rotundamente. Yo como capitán del equipo, me acerco al instante a ver que le pasaba, e inmediatamente trato de ayudarlo a incorporarse y le digo que voy a reemplazarlo por otro compañero. Y en el medio del jadeo, me dice 'no, no, no, aguanta que ya voy a estar bien' Y así era el Che en el medio del ataque asmático tenía la fuerza, la reacción y la actitud para seguir adelante. Entonces, como pudo se levantó y siguió jugando como si nada hubiera pasado. Era un hombre de una fortaleza muy especial, de un espíritu de equipo muy fuerte, sin medir las consecuencias de sus propias limitaciones con su propia salud. Para él era fundamental no defraudar al grupo y ganar cada partido como si fuera el más importante.

V.P: ¿Era una persona que no tenía límites a la hora del esfuerzo?
C.P: No tenía ningún tipo de límites. Había un objetivo, y no había manera de perder, había que llegar a la meta. Era un luchador, pensaba en el otro. No se concebía sólo a si mismo, se consideraba un simple eslabón de una cadena, que era el grupo que conformábamos. Era muy solidario, no pensaba individualmente.

V.P: ¿Ha vivido alguna anécdota que pinte al Guevara de aquellos años de cuerpo y alma?
C.P: Un domingo teníamos que jugar un partido en la cancha de Matreros, en la zona de Morón. Era un partido clave, de él dependía mantener nuestra categoría, y nuestro rival era muy difícil. Había una tensión importante en la previa. Entonces, estábamos sentados en el vestuario hablando entre nosotros, tratando de motivarnos el uno con el otro cuando en medio de esta charla, de repente el 'chancho', cómo apodábamos al Che, se levanta y empieza a repartir una pastilla para que tomemos cada uno de nosotros y nos dice 'tómenla para sacarse el cansancio de anoche, y así rendimos mejor'. Y yo le pregunte, '¿qué es esto?', él sin vacilar me dice 'quédate tranquilo es una aspirina nomás'. Cómo todos sabíamos que era estudiante de medicina, nos quedamos tranquilos, la tomamos y salimos a precalentar. Mientras estábamos corriendo noté un cambio, podía correr más de lo que el cuerpo me daba, ya era exagerado lo que sentía. Entonces, no dude, me acerqué a Ernesto y le pregunté, '¿qué me diste tengo ganas de volar en vez de correr?' Y ahí no le quedó otra que decirme la verdad, y me confiesa: 'Les di Actemil. No te preocupes que no te hace nada, estábamos muy palmados y algo teníamos que hacer'. En ese entonces, este era un medicamento, por entonces legal, que se usaba mucho entre los estudiantes para estudiar y no dormir. Pero, nos metió el perro a todos, porque él era tan competitivo que nada iba a impedir que ganemos.

V.P: ¿Cuál era la identidad del Che de la juventud?
C.P: Muy deportista, con una familia que lo cuidaba mucho, muy preocupado por sus estudios y le gustaba muchísimo divertirse. Y fundamentalmente, era una de las personas más capaces que conocí en mi vida. Su inteligencia se notaba desde muy chico, y en eso sí se distinguía de todo el grupo, era brillante. Por ejemplo, cada uno de nosotros siempre tenía que rendir finales durante el verano. En cambio él, jamás tuvo una materia o un examen pendiente, toda su carrera en medicina la hizo con notas altísimas y sin atrasarse en ningún momento. Sobre el final de su carrera, tenía 6 materias libres para rendir y él se propuso dar estos finales en unos pocos meses. Para cualquier alumno promedio era absolutamente imposible. Pero los imposibles de los normales, eran los posibles del Che y así fue, se recibió en el plazo que se había impuesto.

V:P: Ya desde ese entonces, ¿se podía preveer su vocación política?
C.P: Para nada, era absolutamente apolítico. Y esta era una constante que nos igualaba a nosotros como grupo, sólo éramos anti peronistas pero ninguno de nosotros realizaba ningún tipo de militancia, incluido el Che. Jamás hablamos de política. Yo no recuerdo haber tenido nunca una conversación vinculado a lo ideológico con Ernesto Guevara.

V.P: ¿Reconoce alguna característica del joven Ernesto Guevara que luego lo convertiría en el Che?
C.P: Su espíritu aventurero e idealista. Cuando llegaba el verano él me decía, 'Carlos que te parece si vamos a andar por ahí'. Y ¿qué significa eso? Era agarrar una bicicleta y recorrer todo el país, ir hasta Tierra del Fuego y mientras le de el tiempo andar la Argentina de punta a punta. Ya en el ´55 él, me invita nuevamente pero esta vez a irme con él, de travesía y sin el proyecto de volver a la Argentina, sino adónde el destino mande. Y, yo tan distinto a él me quedé.

V.P: ¿Ese fue su último encuentro?
C.P: Sí, esa invitación que él me hizo a partir en un viaje sin rumbo, fue nuestra última charla. Luego él, siguió manteniendo el contacto a través de postales y cartas que mandaba desde cada uno de los países a los que llegaba. Y la correspondencia sólo era unilateral, ya que yo no tenía cómo contestarle porque él no tenía una dirección dónde mandarle una respuesta. Pero, él quería seguir escribiendo y contactándose conmigo.

V.P: ¿Qué decían esas cartas?
C.P: En las postales o cartas que me enviaba se cuidaba mucho de no contar absolutamente nada del tema político. Más bien eran anécdotas, chistes o un simple saludo para seguir manteniendo la amistad.

V.P:¿Cuál fue su última carta?
C.P: Antes de llegar a Cuba. En una carta él me anuncia 'a partir de ahora te vas a enterar de mi por otros medios que no serán a través de la correspondencia' . Yo en ese momento no entendí nada de lo que me estaba comunicando. Aunque, me contó en su último contacto que había conocido unos hermanos, sin dar los nombres de ellos, que luego de la revolución cubana entendí que eran Raúl y Fidel Castro. Pero él en sus postales siempre se cuidó de no develar, ni dar a entender ningún detalle que revelara su acción política.

V.P: ¿Qué le sucedió cuando su amigo de la juventud se transformó en el emblema, en el Che Guevara?
C.P: Al principio lo veía como un héroe, cuando las portadas de los diarios contaban 'Un argentino invade Cuba' y derribaba a un dictador, junto a un grupo de 15 personas. Pero no me costaba creer cuando surgían los testimonios vinculados a su valentía y coraje, porque estas características siempre las tuvo. Yo sabía quien era él. Luego, hubo cuestiones con las que no estuve de acuerdo, o realmente, no sé cuál es la verdad de la historia. Quizá lo comprendo pero no lo justifico. Pero, al margen de las cuestiones políticas, ideológicas o revolucionarias, yo decidí detener el tiempo en ese Ernesto, amigo de la juventud, que se fue y dejo tantas enseñanzas.

VP: ¿Qué le sucedió cuándo se enteró que el Che había muerto?
C.P: Yo en ese momento estaba trabajando en Paraguay, como gerente general de IBM. Caminando por las calles de Asunción y pasando por una vereda angosta, me para un diariero que conocía y me grita 'Murió el Che'. Me puse muy mal, lo sentí muy fuerte. Recordé su amistad, sus cartas, las fotos, las postales. Lamenté mucho no haber ido a verlo a Cuba y me queda ese remordimiento, de por lo menos no haber intentar verlo por una última vez.

V.P: ¿Cuál es su recuerdo hoy?
C.P: Su amistad, su inteligencia, su solidaridad de grupo. Hoy en día tengo ganas de ir a Cuba, llevar aquella única postal que me queda de él manuscrita y que me cuenten anécdotas, vivencias que quien fue mi amigo de la juventud.


Por Eugenia Plano | www.vidapositiva.com


Comentarios (2)
ADRIANA MORRI | 17/9/2011
Qué texto interesante. Creo que esta historia no se sabía. Saludos.
MALALA LLORENS | 14/9/2011
buensima nota.. qué hallazgo! increible cómo sigue dando que hablar el che. Es una interesante forma de mostrar el pasado simple de quienes luego alcanzaron posiciones de exposición. Felicitaciones!



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