Omar Romano Sforza & Eugenia Plano
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Pero, a veces, cuándo las circunstancias no acompañan, la personalidad se acomoda y aquella vehemencia se relativiza y se transforma en prudencia. El pasado domingo, los argentinos pudieron ver a un Aníbal Fernández que lejos de su apasionado discurso, esta vez pedía 'ser cautos y prudentes' ¿A qué se refería? El contexto era la derrota oficialista, del candidato Agustín Rossi, para las elecciones a gobernador en la provincia de Santa Fé que tuvo como ganador a Antonio Bonfatti en un “cabeza a cabeza” con Miguel Torres del Sel.
La historia de jactancias y seguridades, le dio un revés al oficialismo que perdió en la provincia por una amplia mayoría. El candidato de Hermes Binner, ganó las elecciones con un 38, 7 por ciento y el segundo puesto fue para el Pro, con un 35, 2 por ciento, a sólo 3,5 puntos de Bonfatti. Rossi sólo obtuvo un 22,2 por ciento.
En este marco, la reacción del kirchnerismo el pasado domingo, lejos de un hacerse cargo de una derrota electoral fue relativizar el resultado. La voz cantante de la prudencia fue Aníbal Fernández, a través de su presencia en 6,7,8. Consultado por los panelistas del ciclo acerca de las elecciones en Santa Fé, el jefe de Gabinete pronunció su postura: 'Hay que ver los números con claridad. Prefiero ser prudente. Sacar conclusiones ahora es muy difícil. Santa Fe es una provincia tan grande que no sé si tiene el mismo comportamiento en todos lados'.
Pero, las urnas hablaron y no hubo vuelta atrás
Santa Fé, no será una provincia K y entre pedidos de prudencias, en este caso, más allá de cualquier excusa los números difirieron con las percepciones y deseos oficialistas. La preocupación del kirchnerismo no es injustificada. La provincia posee casi 2,5 millones de votantes y es el cuarto distrito de importancia en el país. Además, sólo falta una semana para el balotaje en la Capital Federal, dos para las elecciones de Córdoba y tres para las primarias nacionales, en las que se definirá el escenario de las próximas elecciones presidenciales del 23 de octubre.
En este sentido, el domingo el oficialismo optó por una cautela (poco frecuente). No se escucharon voces apasionadas, teorías conspirativas o jactancias supremas. Hubo un silencio de radio que interrumpió Rossi al reconocer su derrota, al afirmar: 'no hay que enojarse, sino que aprender de los resultados adversos. Los únicos responsables de las derrotas son los candidatos'.
Y el gobierno asintió, no hubo un hacerse cargo desde el oficialismo, y así su candidato en Santa Fé quedó solo frente a un fracaso contundente, que desde las filas K nadie esperaba. Al igual que lo sucedido en la ciudad de Buenos Aires, el clima triunfalista que el gobierno nacional se garantiza así mismo constantemente, se contradice con las urnas.
El alejamiento de Carlos Reutteman, el triunfo de Mauricio Macri en Capital Federal y la sorpresa de una elección en la que Miguel Torres del Sel, obtuvo un importante caudal de votos, descolocaron al kirchnerismo que está observando perplejo que la realidad tiene malestares con el poder, y no es aquel diario de Yrigoyen que garantiza un éxito permanente en el pasado, presente y futuro del oficialismo.
Ese es el problema con las jactancias y creer sólo en uno mismo, se olvida que hay personas alrededor que te pueden demostrar que como dice el dicho popular 'a seguro se lo llevaron preso'.
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