Eugenia Plano
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Cada época y su contexto determinan las condiciones económicas, políticas, culturales y sociales de una sociedad. Pero, no sólo eso también diversas patologías psicológicas también se desencadenan acordes a las formas en las que se vive en un momento específico de la historia. La actualidad se caracteriza por una cierta tendencia a 'mirarse a uno mismo' de manera constante. La fragilidad de las instituciones y la ruptura del lazo social, han provocado una vuelta del ser humano sobre sí mismo que ha desencadenado cierto individualismo, que parece un círculo vicioso difícil de cortar.
Entonces, si en la posmodernidad se reproducen las enfermedades de su época, el trastorno de personalidad narcisista es una de ellas. La Lic.
Raquel Porto Montellano, especialista en el tema y autora de 'Trastornos de la Personalidad Narcisista', define al narcisismo como ' un desorden de personalidad, cuyo origen es la configuración irregular de los elementos que consolidan la estructura y dinámica del Yo, impulsor del proceso de individuación. Es la personalización de la estrategia de sobrevivencia diseñada por quien tempranamente debe estructurar un conjunto de vivencias psicológicas que son adversas a la construcción de su propia identidad'.
La Lic. Porto Montellano también relaciona varios aspectos del Trastorno de Personalidad Narcisista con algunos rasgos del mito griego. 'La fijación de Narciso a su reflejo -explica- le impide moverse de sitio y le lleva hasta la muerte El mito sugiere de modo simbólico que un individuo, cuando niño, corre el riesgo de quedar fijado a una etapa de su desarrollo al tratar de consolidar una imagen concreta de sí mismo, pero se incapacita para llevar a término la tarea de independizarse o separarse, por miedo al rechazo de sus padres'
La imposibilidad de ver la existencia de un otro , empatizar o construir un vínculo en el lazo social son algunas de las principales variables de un desorden que se sustenta en estar fijado sobre sí mismo. Quien padece este trastorno carece de un par 'real' y entonces, su identidad está disociada: al reconocerse sólo a si mismo le es imposible proyectarse como ser humano en el mundo.
La
autora de 'Trastornos de la Personalidad Narcisista' reconoce cinco criterios fundamentales para caracterizar la patología. Paradójicamente los síntomas son prácticamente una definición de algunos rasgos del posmodernismo: 1) Sentimiento grandioso acerca de la propia importancia ; 2) Preocupación con fantasías de ilimitado éxito, poder, inteligencia, belleza o amor ideal; 3) Creencia de ser 'especial' y único y de que solamente puede ser comprendido o debe asociarse a otras personas o instituciones especiales o de condición elevada; 4) Exigencia de admiración excesiva; 5) Ausencia de empatía: se resiste a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades ajenas.
Además, quien padece este trastorno se define en torno a una personalidad un tanto exhibicionista y una enorme necesidad de ser admirados. Sienten que merecen extrema atención, ya que poseen una estima sobrevaluada sobre sí mismos. En este marco, sus relaciones sociales son absolutamente frágiles y circunstanciales ya que el otro, sólo es ese espejo que debe devolverles la grandiosidad que ellos proyectan sobre sí mismos. En caso contrario, el narcisista se frustra inmediatamente ya que el otro no puede satisfacer sus expectativas. En este sentido, tienen cero tolerancia a la frustración ya que sí algún factor se les vuelve dificultoso o bien no funciona, la culpa siempre será del prójimo. Así, jamás se harán cargo de un error.
En una época en la cuál el 'amarse a sí mismo' como consigna está legitimado, a veces este trastorno sólo se observa como una personalidad individualista en una sociedad actual que tiende a mirarse el ombligo. En este sentido el prestigioso psicólogo Erich Fromm, en su legendaria obra 'El arte de amar', reconoce que el narcisismo es el 'pecado de la época'. 'El amor y el respeto por si mismo -explica- son necesarios para que exista amor y el respeto por el otro; uno y también los 'otros' son 'objeto' de los mismos sentimientos y actitudes, porque estas conductas son conjuntivas y no contradictorias: el amor no puede dividirse, es uno sólo; el amor tiende al crecimiento y al desarrollo. Una persona egoísta lo quiere todo para sí, porque carece de todo. El individuo egoísta no se ama demasiado, se ama muy poco o no se ama realmente. Y, porque se odia, necesita arrancarle a la vida las satisfacciones que él se impide obtener, volviéndose hostil y generosamente egoísta'
Está claro que si una persona no tiene estima sobre sí misma difícilmente pueda relacionarse sanamente con otro, pero sí ese otro sólo es un vehículo para 'admirarse' a sí mismo, no se ama a sí mismo ni a su prójimo. La Lic. Porto Montellano concluye que 'el narcisista necesita un terapeuta que pueda reflejarle esa verdadera imagen de sí, y no la grandiosidad que proyecta sobre sí mismo. Así , podrá crecer y alcanzar su felicidad: amar y amarse 'de verdad'.
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