Eugenia Plano & Omar Romano Sforza
www.vidapositiva.com
Si pensamos en el origen del debate debemos remontarnos al siglo VIII. El arte de la oratoria, la elocuencia y la inteligencia de las palabras fue iniciado por Aristóteles en su práctica dialéctica con objetivos absolutamente pedagógicos. Luego, la Edad Media sería la época en la cual los maestros formaban a sus discípulos en el fundamento que aportaba la retórica clásica. Pero fue en Estados Unidos e Inglaterra en el siglo XIX, cuando el debate político se institucionaliza y es transmitido a todos los países de habla inglesa.
En la actualidad, nos encontramos frente a candidatos que se niegan al intercambio discursivo. A diferencia de otros momentos históricos, lejos de la formación académica para lograr ideas claras y propuestas contundentes a nivel discursivo, los políticos eligen una troupe de publicistas y expertos en marketing que asesoran para que los candidatos 'optimicen su imagen pública' y que no sean presos de sus palabras.
No hay dudas que en la posmodernidad la imagen y su exhibición priman por sobre la palabra. A nadie se le ocurriría sugerir, que el debate sea radial ya que la masividad de la pantalla chica es el medio que gobierna tanto a espectadores como a aquellos que quieren transmitir un mensaje. Ahora el estrado es la tevé, y las palabras se las lleva el viento.
Pero, entre cálculos y estrategias de los candidatos y sus asesores publicitarios, se olvida el concepto de democracia y la posibilidad de los ciudadanos de conocer a fondos a quienes los próximos cuatro años gobernarán su ciudad, su provincia o su país. Es decir, en épocas de elecciones las especulaciones están a la orden del día: que se dice, que se deja de decir y sobre qué hablar y qué mejor callar forma parte de cómo forjar la imagen pública de un candidato. De autenticidad, bien, gracias.Quizá ese sea el problema del debate público.
La pregunta de un periodista, la chicana de un contrincante, un olvido, un vocabulario acotado, una retórica mediocre o bien un inconsciente que en algún momento revele la verdad, y ésta se comunique a millones de personas, son algunas de las variables por las cuales los candidatos prefieren hablar solos y no intercambiar con un otro.
El Decano de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba, Martín Lardone, sostiene que el debate se ha privatizado. En su artículo 'El debate político como bien público' explica: 'Por un lado, que los ciudadanos podamos tener la posibilidad de sopesar los argumentos y las propuestas de los candidatos depende de los cálculos tácticos de algún jefe de campaña.
Carecemos entonces, como sociedad, de ese espacio público en el cual nos reunimos a debatir sobre los asuntos colectivos y a tomar decisiones'.
Como tantos otros, la incapacidad o el miedo a debatir priva a los ciudadanos de saber qué, cómo y por qué el candidato tiene la intensión de gestionar. 'En una democracia madura - define Lardone- , la mayoría no implica la negación del otro ni, por ende, de los argumentos del otro. Implica una forma de resolver el conflicto entre visiones diferentes sobre los asuntos públicos'.
En la Argentina, presenciamos el terror al debate. Desde las elecciones del 2003, los candidatos no han realizado un intercambio público de ningún tipo. Además, el partido en el poder desde esa fecha, se niega no sólo al debate sino también a conceder entrevistas periodísticas. La presidenta, Cristina Kirchner, sólo realiza anuncios públicos en Casa de Gobierno.
Como suele suceder en estos casos, los que pierden son los ciudadanos. La intolerancia y el miedo que ha signado a los políticos por no querer escuchar a otro o tener miedo a perjudicar su imagen si se habla con alguien que piensa distinto, genera fisuras en una democracia que debería sostenerse en la libertad y la interacción de ideas.
La tarea ciudadana es exigir el debate, instar a los políticos a qué sean dignos de la tolerancia y la igualdad, que en las palabras profesan y en los actos sean tan coherentes como su jactancia de serlo.
www.vidapositiva.com