Si un cronista milita en el partido que se encuentra en el poder y legitima sus decisiones, ¿sigue ejerciendo el periodismo o es un funcionario que trabaja en los medios? El debate en la Argentina y en los Estados Unidos, por una tendencia de medios fanatizados con ciertos sectores del poder, está a la orden del día y la sociedad está en el medio de esta disyuntiva. Aquello que ocurre a nivel social es inseparable del contexto histórico en el que se vive. Tras una década anterior signada por un desencanto de la política y una indiferencia colectiva, en la actualidad el panorama ha cambiado rotundamente.
Latinoamérica es protagonista de gobiernos de carácter populista y la sociedad en lugar de quedar en el medio de los acontecimientos y sin opinión, está polarizada.
Los medios lejos de ser un ente aislado del contexto que los circundan, son un emergente de la sociedad de la que forman parte. En este sentido, la radicalización de las posturas frente al sector público llegó a los medios de comunicación. Canales, diarios y radios se definen en función de una disyuntiva: ser o no ser oficialista es la cuestión.
En este contexto, se ha planteado un debate en torno a cómo influye la ideología ligada al poder en el ejercicio del periodismo. Es decir, ¿es posible seguir ejerciendo la racionalidad y la objetividad cuando el periodista que la emite es oficialista?
La inquietud no sólo se ha formulado en Latinoamérica sino también en los Estados Unidos, dónde también los medios se han polarizado según la posición tomada con respecto al Estado. A cargo de la Carrera de Comunicación de la Universidad de Texas, se realizó un estudio que analiza la relación existente entre el público y las cadenas de los medios militantes. La investigación presentada en el Simposio Internacional de Periodismo Online , realizado en Austin, Texas, comparó el mensaje de dos señales antagónicas en su posición ideológica. Por una parte, Fox News, situada a la derecha ideológica y MSNBC, con una postura más a la izquierda.
La conclusión a la que arribaron los investigadores fue que en los Estados Unidos la relación entre los medios y la ideología “se encuentra polarizadacon una clara toma de postura” y con respecto a la audiencia, afirma que “la gente percibe a la información que respalda su punto de vista como más creíble que la información que la contradice”
Entonces, en una sociedad polarizada el foco o el interés está más bien en considerar cómo legítimo aquello que se acerca o coincide plenamente con el pensamiento propio y no con la veracidad de la información en sí misma. De eso se trata la polarización, la exacerbación de dos puntos de vista de forma extrema, en dónde no cabe ni la duda, ni tampoco la tolerancia por una alternativa distinta.
El caso latinoamericano se acerca al estadounidense.
Países como Argentina o Venezuela, reflejan en sus medios de comunicación como el estar a favor o en contra de la posición oficial más que un debate se ha convertido en una guerra sin fin. El periodismo de la prensa polarizada se ocupa más de acumular reproches, chicanas y suposiciones que de informar o legitimar datos a través de la investigación periodística.
El caso argentino, es emblemático en este sentido. Existe una exaltación y un orgullo de pertenecer a la “militancia oficialista” siendo un profesional de los medios de comunicación. Ya no se lo dice tímidamente o por debajo, sino los mismos periodistas sientan posición y legitiman cada decisión oficialista a través de los diversos medios de comunicación ligados al gobierno.
A diferencia de la militancia, quien trabaja en la prensa recibe un salario y por lo tanto, su función no es simple militancia, sino que es una labor rentada. El militante cuando ocupa un cargo público deja de serlo para convertirse en un funcionario. Entonces, ¿en que se convierte un periodista cuando su profesión sólo se sustenta en darle legitimidad al poder? ¿sigue siendo cronista o se convierte en un funcionario con exhibición pública permanente?
La pregunta sigue en el aire mientras, queda pendiente volver a las fuentes del periodismo. Aunque sería ingenuo pensar en la objetividad total en los medios de comunicación tampoco es coherente sesgar a conciencia la información que se emite, transmite o se escribe. No es la función del ciudadano común buscar la veracidad de lo que ocurre, esa es una de las tareas más relevantes de la profesión periodística. Creer o informar, no deberían ser cuestiones en duda, ya que en el medio de las peleas se pierde una audiencia cruzada por la intolerancia.
Eugenia Plano - www.vidapositiva.com