Si hay algo que posmodernidad ha traído consigo es la caída y la pérdida de legitimidad de las religiones tradicionales. La espiritualidad corrió su eje y en la actualidad, diversas creencias, en su mayoría derivadas del budismo, se encuentran al frente de la escena de lo espiritual. Publicaciones como "El secreto" son la nueva Biblia posmoderna ¿Por qué la autoayuda se convirtió en el vehículo de superación para millones de personas en todo el mundo?
¿Por qué las religiones tradicionales han perdido vigencia?
Los nuevos códigos y costumbres de la espiritualidad. Todo comenzó con la modernidad. El protagonismo de la razón rompió un paradigma. El individuo sobrevaloró el trabajo, el sistema burocrático y las ansías de progreso y lucro personal. La espiritualidad se transformó en practicidad.
Pero, tiempo más tarde en la posmodernidad el individuo se vio a si mismo en un individualismo tan extremo que su propio narcisismo no le dejaba ver ni de frente, ni de costado, sólo podía observar su propio ombligo. Las religiones tradicionales habían perdido legitimidad en épocas anteriores, entonces ¿en qué y en quién creer?
Se replantea una vuelta a los valores, como la solidaridad y la consideración por el prójimo. En este contexto, otra institución que sufrió el descrédito popular fue el Estado, entonces el deseo de ayudar no se canalizó en la política sino en la iniciativa de crear o formar parte de Organizaciones No Gubernamentales. Las ONG´S fueron una apuesta posmoderna a ser solidarios por iniciativa propia ante la desatención de lo público en temas sociales.
Mientras que algunos optaron por esta alternativa, otros eligieron una vuelta a los valores, pero desde otra perspectiva, focalizados en nuevas formas de espiritualidad.
Ya no se creía en un Dios todopoderoso sino en personas de carne y hueso que emitían su voz a partir de cursos, seminarios o libros de autoayuda como redención o terapias alternativas.
Hoy en día casi nadie desconoce nombres como Osho, Indra Devi o Deepak Chopra, o el local Bernardo Stamateas. Además, publicaciones como "El Secreto", "Padre rico, padre pobre" o "Siete Leyes espirituales del éxito" son en la actualidad los libros espirituales de cabecera de gran parte de la humanidad.
Secretos para la satisfacción personal o laboral, fórmulas para detectar personalidades tóxicas, claves para enamorarse o para lograr un cambio de actitud interno que desemboque en una personalidad más exitosa.
No es extraño escuchar en estos tiempos tanto a celebridades como a empresarios o políticos de relevancia expresar su fanatismo por autores o gurús de la auto ayuda. Pero, ¿por qué en los tiempos que corren la espiritualidad se busca y se encuentra en la autoayuda y en la superación personal?
Quizá, las nuevas formas de espiritualidad no difieren del resto de los procesos que representan la posmodernidad. En este marco, la misma palabra auto ayuda encuentra su sentido en su misma expresión. La mirada sobre uno mismo para encontrar la satisfacción y la salida a todos los problemas. El sociólogo Gilles Lipovetsky en "La era del vacío" justifica esta tendencia a partir de uno de los máximos ideales de la posmodernidad, la "personalización":
En la actualidad la sociedad se ha organizado y orientado de otra manera, después de la educación autoritaria y mecánica de otras épocas hoy en día se aceptan nuevos fines y legitimidades. Los valores se volvieron más hedonistas, la autoridad institucional se ha relajado, hay un mayor respeto por las diferencias, y la expresión se ha tornado más libre. Es decir, aquella imagen rigorista de las grandes instituciones, como las religiones tradicionales, ha dado paso nuevos valores que apuntan al despliegue de la personalidad individual y hasta ha ocurrido la modelación de estas instituciones a las aspiraciones de los individuos.
En este contexto, la espiritualidad sólo será funcional a la época si en lugar imponerse sugiere y aconseja, y además, plantea formulas más vinculadas al cambio de adentro hacia afuera y no de afuera hacia adentro. El repliegue sobre sí mismo no sólo se observa en el culto al cuerpo sino también al alma.
Las grandes instituciones han dado paso a otros paradigmas que responden a las necesidades de un contexto que intenta romper con el individualismo y forjar nuevos lazos solidarios.
Por Eugenia Plano | www.vidapositiva.com