[ 9/8/2012 ]
Michel Foucault fue el filósofo contemporáneo que mejor explicó la relación entre la educación y el poder. El pensador francés afirmaba que la escuela podía ejercer sobre los alumnos el mismo efecto que una cárcel, siendo una institución que encierra el disciplinamiento del cuerpo y la mente.
Es decir, Foucault consideraba que cada contexto histórico, cada gobierno o poder dominante tenía una aparato educativo acorde con el fin de reproducir, normalizar y someter a los individuos a los objetivos de los que mandan.
Las reveladoras teorías de Foucault pueden encontrarse en los sistemas educativos de todas las sociedades, y la Argentina de hoy no es la excepción. La escuela nacional es noticia por varios motivos: ausencia de recursos, paros de maestros, toma de colegios y reivindicaciones docentes, pero hoy la información revela una particular novedad.
“La asombrosa Excursión de Zamba” es una serie de dibujos animados que nació en el canal oficial Encuentro durante los festejos del Bicentenario en el 2010. Hoy se emite por el canal estatal Paka Paka y además, es exhibida en todas las escuelas públicas del país, a través de una normativa oficial.
Realizada por la productora “El perro en la luna” la serie se encuentra dirigida a niños de entre 6 y 12 años y cuenta las travesías de un alumno que asiste a una escuela pública argentina. El personaje principal realiza viajes al pasado en dónde se encuentra con algunos próceres argentinos que le cuentan su versión de la historia.
El dibujo animado ya ha suscitado una gran controversia entre especialistas, docentes y padres, quienes consideran que implementar este tipo de herramientas se acerca más a la “manipulación ideológica” que a la educación genuina.
La Argentina es un país que ya ha atravesado situaciones similares, en las cuales el poder decía cómo, cuándo y de que manera educar a las nuevas generaciones. Legendario es el libro de texto, a través del cuál los niños aprendían a leer a través de las palabras “Evita me ama”.
La propaganda política de los gobiernos no alcanza solamente a los medios de comunicación sino que existen infinidad de mecanismos para vigilar y controlar al cuerpo social.
En este sentido, la educación durante el peronismo es un ejemplo claro. La escuela fue una de las herramientas protagonistas para difundir la doctrina justicialista desde que los niños hacían su ingreso al sistema educativo.
Desde 1946 el objetivo fue crear una nueva conciencia nacional. El principal foco estuvo puesto sobre la escuela primaria en dónde los docentes debían enseñar, de forma obligatoria, que ser un “buen argentino” era ser peronista. La oposición al régimen significaba ser un traidor.
Además, a partir de 1951 se introdujeron textos escolares a favor del gobierno, y aquellas editoriales que se opusieran a la adaptación de los textos, serían castigadas, como fue el caso de la emblemática Editorial Estrada.
Tras la muerte de Eva Perón, la situación se acrecentó. Su autobiografía “La Razón de mi Vida” fue declarada como texto obligatorio tanto para el nivel primario como secundario. Además, a partir de entonces el Ministerio de Educación le exigió a los docentes dictar clases bajos las normas explicitadas en los “Cuadernos para el Maestro Argentino” en dónde se establecían pautas sobre cómo y qué enseñarle a los alumnos.
En la actualidad existen diversos mecanismos del poder para controlar la educación en todos sus niveles. Hoy un dibujo animado realizado por el aparato estatal es la forma de enseñar historia. Los niños aprenden sobre algunas figuras históricas a través de la “asombrosa excursión de Zamba” y los presos disfrutan de horas de libertad en actos oficiales. Foucault no se equivocaba en comparar la educación con la cárcel, en la Argentina de hoy se parecen bastante.
Por Eugenia Plano | www.vidapositiva.com