Por Silvia Pisani | LA NACION
Viernes 06 de enero de 2012 | Publicado en edición impresa
Obama realizó ayer una inusual visita al Pentágono, desde donde lanzó la nueva doctrina de defensa. Foto: Reuters
WASHINGTON.- En uno de los giros más audaces de su gestión, el presidente Barack Obama anunció ayer un profundo cambio en la estrategia de defensa norteamericana.El plan, con objetivos a diez años, contempla reducir la cantidad de tropas y el gasto militar, y reorientar los objetivos de defensa con la intención de reforzar la presencia en la zona del Pacífico, donde se mira con recelo el crecimiento de China.
'Se acaba una época. Hemos pasado la página de una década de guerra y tenemos que poner en orden nuestras cuentas fiscales', dijo Obama. Su propósito es reducir el gasto militar en los próximos diez años en un ambicioso rango, que va de los 400.000 millones al billón de dólares.
Es un giro de 180 grados respecto de la gestión del ex presidente George W. Bush, durante cuyo mandato el gasto militar se expandió a más del doble. 'Obama arriesga la seguridad de nuestro país y de nuestros aliados', protestaron ayer voceros republicanos.
Son mucho más que palabras. Al anticipar el giro de ayer, la fabricante de aviones Boeing anunció el cierre de una histórica planta en Wichita, Kansas, dedicada a la fabricación de equipos capaces de reabastecer aviones militares en pleno vuelo.
Junto con eso, prometió hacer esfuerzos para relocalizar los casi 3000 empleos que quedarán en el aire. Es sólo el primer síntoma del profundo coletazo que la nueva estrategia podría acarrear en la poderosa industria armamentística local y en su extendido entramado de contratistas.
'Queremos un gasto militar más eficaz. La mejor manera de asegurar nuestro poder es fortalecer nuestra economía', insistió Obama.
El plan se complementa con una reorientación de la estrategia de defensa más focalizada en el Pacífico, donde se miran con recelo las aspiraciones de China, a la vez que 'seguirá de cerca' la situación de Medio Oriente y la evolución en Irak y Afganistán.
En el caso de América latina, lo único que se supo ayer fue que Estados Unidos 'buscará formas innovadoras' para mantener su presencia y programas militares en la región, según informó el secretario de Defensa, Leon Panetta, quien acompañó a Obama durante los anuncios.
Según pudo saber La Nacion, lo que Washington buscará en la región será el mantenimiento de 'relaciones clave entre militares', así como nuevos socios en materia de seguridad.
'En la medida de lo posible, desarrollaremos políticas de bajo costo y reducida presencia para asegurar nuestros objetivos de seguridad, con hincapié en ejercicios militares conjuntos entre otras actividades', habría dicho el propio Panetta.
En lo doméstico, el giro prevé importantes repercusiones. 'Prepárense para ver caer cientos de miles de puestos de trabajo', advirtió Loren Thompson, experto en defensa del Lexington Institute, al anticipar las reacciones en un sector industrial favorecido por el impulso bélico producido durante la gestión de George W. Bush. El de Obama es un paso llamado a generar fuerte resistencia entre quienes entienden que pone en riesgo la 'seguridad' del país.
El presupuesto de defensa norteamericano -que incluye también el de espionaje, investigación de armamentos y programas nucleares- pasó de 300.000 millones de dólares en 2000 a cerca de 700.000 millones en el período fiscal correspondiente a este año.
De ese gasto, casi el 20% correspondió a las guerras en Afganistán e Irak, emprendidas al tiempo en que Bush recortaba los impuestos, de modo que la financiación se hizo a costa de aumentar la deuda del país.
No hubo ayer mayores precisiones sobre dónde y cómo se aplicarían los recortes. 'Lo que sí podemos decir es que esto es producto de una revisión iniciada meses atrás por el presidente en consulta con los jefes militares, y que el curso que se adopte reflejará los nuevos desafíos y oportunidades' que afronta Estados Unidos tras una década de guerra, indicó el vocero de la Casa Blanca, Jay Carney.
Se prevé, sin embargo, que los recortes incluirán una reducción de salarios y beneficios para militares, y una disminución de tropas y de personal civil dedicado a la defensa. También se mencionan posibles ajustes en el arsenal nuclear y convencional. En la actualidad, un tercio del presupuesto se va en salarios, pensiones y cuidado de salud para las tropas.
'Lo que tenemos que pensar hoy es cómo renovar nuestra fortaleza económica, que es el sustento de nuestra fuerza en el mundo', declaró Obama, en una significativa comparecencia en el Pentágono, delante de los principales jefes militares del país.
Consciente de las críticas que este tipo de mensaje despierta entre los republicanos, y el riesgo que ello supone en el año en que busca su reelección, lo que Obama intentó fue dejar en claro que el giro no implicará riesgo para la seguridad.
'Mantendremos la capacidad para combatir y derrotar a más de un enemigo al mismo tiempo', precisó Panetta. 'Nuestra presencia militar se adaptará y evolucionará' de acuerdo con la nueva estrategia, añadió.
Hace meses que la administración demócrata prepara el terreno para el ajuste militar. Una de las oportunidades en que Obama incursionó en el tema fue en mayo pasado, cuando se produjo la muerte del ex líder de Al-Qaeda, Osama ben Laden.
En aquella ocasión, el gobierno subrayó el hecho de que el abatimiento del enemigo número uno del país se hubiera producido merced a la participación de un reducido grupo de comandos especiales, y contrastaron ese dato con los años de costosa guerra que fallaron en el mismo intento.
Como era de esperarse, la oposición republicana saltó a la yugular del proyecto. 'Aquí tenemos un nuevo ejemplo de eso que Obama llama liderar desde atrás y que no significa otra cosa que dejar a nuestro país atrás. Lo único que asegura esto es más ocaso de Estados Unidos', censuró el republicano Howard McKeon, titular del Comité de Defensa de la Cámara de Representantes..
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