Eugenia Plano
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Según una investigación realizada por la consultora Equis, 'la mitad de la población es pobre o bien corre el riesgo de serlo'. Entonces, ¿cuál es la realidad que percibe el Estado que en cuestión de estadísticas es inexistente? Cómo crear un fantasma de una plenitud económica, política y social que es inexistente.
Quizá no haya formula más exacta que las estadísticas. Pero en la Argentina sucede que sí las mediciones provienen del Instituto Nacional de Estadística y Censos, los índices se hacen relativos. Según el organismo estatal, el porcentaje relativo a la pobreza es de un 9,9 por ciento y el de indigencia un 2,5 por ciento. Pero, lejos están estos números de las investigaciones realizadas por consultoras de origen privado.
Para la encuestadora Equis la mitad de la población de la Argentina se encuentra en condición de pobreza plena o en riesgo inmediato de caer en ella. En este contexto, la pobreza por ingresos alcanza al 20,7% de la población activa, mientras que otro 30,4% está en una situación de riesgo inmediato de caer en ella.
Una de las diferencias más radicales entre las cifras de Equis y las del INDEC está en el calculo de la canasta básica de alimentos. En este sentido, las subas en los aumentos de precios parecen no tener ningún tipo de influencia en las estadísticas oficiales. Para el gobierno vivir para en la Argentina sólo alcanzaría con 1252 pesos, mientras que según la investigación encabezada por Artemio López se necesitarían 1837 pesos.
Pero, ¿por qué la percepción sería la de una Argentina en la cuál hay un respaldo y una posibilidad de crecimiento para las clases bajas, cuándo en realidad los que no son pobres ya se encuentran en riesgo de serlo?
El periodista Jorge Oviedo, esgrimió una explicación en su artículo 'El lado oscuro del crecimiento': 'La economía argentina ofrece una situación absolutamente paradójica. Pese a que acumula un proceso de crecimiento casi ininterrumpido, mantiene altos niveles de pobreza e indigencia. Aunque en el pasado la pobreza y la indigencia estuvieron mayoritariamente ligadas a la falta de empleo, desde la segunda mitad de la última década del siglo XX apareció un fenómeno nuevo, que no se ha modificado. Es el de los ocupados pobres'.
Es decir, aunque los altos picos del desempleo de la década del ´90 hayan descendido, gran parte de la población argentina o bien gana un salario que lo mantiene bajo la línea de pobreza; o se encuentra cobrando diversos subsidios o forma parte de un plan, como Argentina Trabaja, que no le alcanza para salir de la indigencia.
Así, el fantasma de la desocupación sólo ha revertido su forma y hoy contamos con argentinos empleados a bajos sueldos o viviendo de subsidios estatales. Jorge Oviedo, suma a este contexto el problema inflacionario y la urgencia de mejorar la educación como garantía a futuro para obtener trabajos de calidad. 'En la Argentina, hasta principios de los 90 -destaca- alcanzaba con reducir la inflación y mejorar el empleo para mejorar notablemente la situación social. Hoy es insuficiente. Para colmo, hay inflación alta y el Gobierno no la combate; más bien, la estimula'
La gravedad de la situación quizá sea poco visible si se lee a través de frías estadísticas. Estar en la indigencia implica no poder comer, no tener acceso a los servicios básicos, no tener un techo para albergar a una familia, no contar con lo más elemental para cubrir las necesidades que un ser humano requiere para vivir. En el medio de los anuncios, las campañas, las peleas, la inflación y el INDEC, casi la mitad de los argentinos están luchando por su dignidad.