¿Quién apenas se ha subido a un avión o pone un pie en su casa no ha recordado en ese instante aquel objeto, que acaba de abandonar en el hotel? Un simple descuido, desorganización en el equipaje o el apuro, genera que aquel lugar que nos encontró de paso se transforme en el hogar de los objetos perdidos para miles de huéspedes. Pero, ¿cuáles son los objetos más frecuentes entre estos olvidos? ¿Cuáles son los más extraños? ¿Qué sucede con ellos?
Estos interrogantes encontraron su respuesta a través de la cadena NH Hoteles, que realizó una encuesta entre sus directores acerca de los olvidos registrados en todas sus sucursales, presentes en la mayoría de los países del mundo.
A la hora de encontrar los objetos más frecuentes , NH estableció un 'Top Five'. En primer lugar se encuentra el cargador del teléfono celular, que siempre se encuentra enchufado en alguna esquina y es tan frecuente, que cada cliente lo olvida en uno de cada diez viajes realizados. En segundo puesto se encuentra el pijama y la ropa interior, seguido por un libro, el pasaporte y por último, refrigerios olvidados en el mini bar.
NH también estableció una serie de lugares 'típicos' en donde los descuidos encuentran sus sitios más frecuentes. Así, algunos de ellos son el armario, con los zapatos como descuido número uno; bajo la cama y entre las sábanas; el baño, la mesa de noche en la que se hallaron libros, revistas, guías turísticas, documentos y dinero; y en los destinos de sol y playa, en la terraza son frecuentes el olvido de los trajes de baño y calzado.
Una de las revelaciones del estudio es que los hombres son más olvidadizos que las mujeres. La encuesta sostiene que el perfil del descuidado, es en promedio el varón de entre 35 y 55 años, sin diferencias de nacionalidad y destino.
El estudio realizado por NH no sólo se limitó a los objetos más populares olvidados por sus clientes, también informó acerca de los abandonos más curiosos o que albergan la idiosincrasia o historia de sus huéspedes. Algunos de los olvidos más extraños: disfraces, colección de pelucas, sillas de ruedas, prótesis dentales y hasta un perro. La norma común para este tipo de descuidos, según revela la encuesta, es que jamás se han reclamado.
También hay espacio para el romance entre los objetos perdidos. Algunos de los más románticos, fue el hallazgo de un anillo de compromiso o los zapatos de una pareja recién casada que los olvidó tras la noche de bodas.
En el rótulo los 'objetos perdidos más voluminosos' los directores de NH mencionaron: valijas repletas, una alfombra persa de 4 metros, un juego de hamacas de terraza, un oso panda de peluche de 1,80 metros, una bicicleta, una señal de tráfico auténtica y hasta un Hummer, que quedó estacionado en el garaje del hotel durante semanas hasta que se consiguió localizar al dueño.
Y no sólo de tamaños se tratan los olvidos, sino también de valores. Entre los objetos más costosos, se destacan enormes sumas de dinero dejadas en las cajas fuertes. Se han encontrado desde unos miles de euros hasta los 100.000 hallados en un hotel español de la cadena y $ 100.000 recogidos en un establecimiento uruguayo. En ambos casos, nunca fueron reclamados.
Pero, para aquellos que sí quieren recuperar su olvido en NH existe esa posibilidad. La cadena de hoteles sigue un protocolo de almacenaje y devolución de todos los objetos olvidados, al margen de su valor.
Cada uno de los objetos se registra en un libro en el cual se detalla la mayor cantidad de datos posibles que se dispongan del huésped: nombre del cliente, número de habitación que ocupó, fecha de su estadía y descripción del objeto. Por una cuestión de privacidad, aunque se sepa con seguridad quien es el dueño del objeto, el hotel no lo contacta por motivos de privacidad. Por lo tanto, se espera que el huésped llame reclamando su olvido. Igualmente, la norma es guardarlo durante 6 meses y si al finalizar este lapso de tiempo no se recibe ningún reclamo, una posibilidad que maneja NH es donar lo encontrado a instituciones benéficas, dependiendo de su valor y según el criterio del director del establecimiento.
Por Eugenia Plano | www.vidapositiva.com