Eugenia Plano
www.vidapositiva.com
Desde que nacemos, nuestros padres comienzan con las comparaciones 'odiosas'. 'Nahuel, se porta mejor que vos', 'fijate tu hermano como come', '¿cómo puede ser que tu compañero pueda estudiar tanto y vos no?'. Y así, los recursos, cual amenaza, para que hagamos tal o cual cosa pueden ser desde la infancia más temprana el método para definirnos no en función de la propia identidad sino de una ajena.
Ya cuándo crecemos nosotros mismos seremos quienes buscaremos similitudes o diferencias con quienes conocemos mucho, poco o nada para ver como nos va en la vida.
La comparación también es un método que utilizado con el fin de legitimar una acción, sobre la que no estamos demasiado convencidos o bien recibe una desaprobación de nuestro entorno ¿Cuántas veces te encontraste diciendo?: 'Si total todo el mundo lo hace', y así sin la mínima convicción justificamos aquello que en realidad deberíamos razonar por nosotros mismos sin echarle la culpa al mundo.
Otro tipo de comparaciones están vinculadas con los interrogantes que uno no pregunta pero igualmente, los recibe.
'Yo a tu edad ya estaba recibida'.
'Mi hijo a los diez meses ya caminaba, que raro que el tuyo no lo haga'.
'¿Todavía no tenés nietos?'.
'Tendrías que apurarte para casarte, tu hermana es mucho más joven y hace 5 años que ya lo hizo'.
Del peor tipo de comparaciones, cuando no se consulta, ni se piden consejos y se está bajo el ojo crítico de alguien que quiere demostrar actos que sólo nos hacen sentir peor. Quizá de este tipo de 'competencias inútiles' provenga la frase 'las comparaciones son odiosas'.
Es muy frecuente observar como muchas personas viven sus vidas proyectando en los logros o fracasos de los otros, como si sus vidas casi no dependieran de si mismos sino más bien en lo que tiene o le falta a sus amigos, familia, compañeros de trabajo o hasta desconocidos.
'Ojalá yo tuviera el éxito que ella tiene'.
'Cómo me hubiera gustado desarrollar mi carrera como él lo hizo'.
'¿Cómo hizo para tener más suerte que yo?'.
Además, del miedo debería sumarse otra circunstancia para definir el estado de parálisis que implica el no poder avanzar en la vida: comparar. Cuando entramos a observar permanentemente que tiene, logra o hace el otro, lo único que obtenemos es quedarnos en la comparación. En lugar de mejorar o construir, lo único que hacemos es quedarnos en el mismo lugar, mirando la película que otros protagonizan, nosotros somos sólo admiradores o refutadotes de vidas ajenas.
Si admiramos el éxito profesional, familiar o afectivo de quienes nos rodean que sea un incentivo para nuestro progreso, y no un motivo de celos o envidia. Comparar o ser comparados es generalmente, un acto que sólo genera la inactividad, la queja o bien, oculta el miedo a hacernos cargo de quiénes somos y qué queremos.
Escribir nuestra propia historia es el mejor camino para que las comparaciones queden en el olvido.
Eugenia Plano – www.vidapositiva.com