Por Claudio Mauri
10 de Diciembre de 2011 - 19:50
La paternidad de Barcelona sobre Real Madrid, que en su momento se empezó a justificar por la diferencia de pie entre uno y otro equipo, y se extendió con la supremacía de un estilo sobre la ansiedad que se le oponía, alcanzó una nueva dimensión: la mental. Este inolvidable Barcelona le tiene comida la cabeza a Real Madrid, lo acompleja. Le quiebra la moral hasta cuando mejor armado parecía llegar el equipo de Mourinho, que con 15 victorias consecutivas y el liderazgo de la Liga de España venía lanzado ante un Barcelona de sinuoso paso fuera del Camp Nou. De visitante había dejado en el camino 9 puntos, cuando en toda la temporada anterior sólo había resignado 11.
Barcelona agregó ayer, en la lluviosa y destemplada noche que se abatió sobre el Bernabéu, una nueva forma de ganarle, un eslabón flamante a la hegemonía que instaló Pep Guardiola desde que tomó la conducción en 2008. Desde entonces, hay antecedentes de bailes históricos: el 6-2 en 2009 en Chamartín, cuando Real Madrid era dirigido por Juande Ramos. Luego pasó Manuel Pellegrini con saldo negativo en los clásicos. El presidente Florentino Pérez entendió que el mejor antídoto para el imparable Barcelona era José Mourinho, que con Inter había eliminado a los catalanes en las semifinales de la Liga de Campeones.
El excéntrico y provocador Mou debutó en los clásicos con una paliza: 0-5 en noviembre de 2010. Esa goleada dejó un efecto traumatizante, que no se curó con las últimas series, resueltas a favor de Barcelona por 3 (Ligas de España y de Campeones, y Supercopa de España) a 1 (Copa del Rey).
Barcelona se impuso ayer con la cabeza, referencia que va más allá del gol de Cesc, que le suma al tricampeón un recurso que no le sobraba: el juego aéreo. Fue el tercer tanto de cabeza del ex Arsenal. La mentalidad de este Barcelona está a prueba de errores: a los 22 segundos perdía 1 a 0 con un gol de Benzema que se originó en una mala salida con los pies de Valdés, cuyo pase fue interceptado en la puerta del área por Di María.
En realidad, en la equivocación hubo un mérito de Real Madrid, que fue a presionar sobre la salida, propició el fallo del arquero. El Madrid se ponía rápidamente en ventaja con la actitud que no había mostrado en la mayoría de los clásicos anteriores: fue a ahogarlo al Barça a su propia área, le entorpeció la salida limpia y por abajo que siempre intenta el defensor del título. No se había disputado un minuto y Real Madrid ya tenía a su disposición el tipo de partido que más lo tienta: el repliegue para que Cristiano Ronaldo, Di María y Benzema ataquen sobre los espacios que deja el adversario.
¿Cómo respondió Barcelona? En primer lugar, demostrando que no renuncia a las convicciones por un error circunstancial: Valdés, lejos de revolear la pelota, volvió a buscar a un compañero cuando le tocó ser salida con los pies.
El partido se hizo áspero y trabado, de mucha fricción en el medio. Lass seguía de cerca a Messi, a quien le redoblaban la marca. Pero Leo es el N° 1, es distinto a todos. La única gran maniobra individual del primer tiempo estuvo en sus pies: despegó en su campo desde el círculo central para eliminar a tres rivales y dar una notable asistencia para la no menos sensacional definición de Alexis Sánchez. Barcelona se sostiene en los pilares conocidos y también saca rédito de la renovación. Dos goles tuvieron la autoría de los últimos refuerzos: Cesc y el chileno Sánchez.
Real Madrid se empezó a sentir inferior a un Barcelona que se agrandó en el segundo tiempo, ayudado por la fortuna en el gol de Xavi que se desvió en Marcelo. Cristiano Ronaldo, que con un cabezazo desperdició increíblemente una ocasión para el 2-2, fue la imagen atribulada que mejor describió a su equipo. Barça se encendió con el virtuosismo de Iniesta, la continua participación de Messi y un detalle táctico que agujereó más el entramado rival: Dani Alves pasó al medio hasta convertirse en un wing, mientras Puyol le cubría las espaldas. Inabordable desde lo futbolístico, Barcelona mandó al Madrid al diván con un trauma psicológico irresuelto.
Fuente: http://www.canchallena.com/1431612-real-barsa-el-superclasico-mundial