[ 2/8/2012 ]
Eugenia Plano
Corresponsal en Argentina
www.vidapositiva.com
2 de agosto 2012.
Foto: Marc van der Aa
No sucedió en Macondo, el pueblo que imaginó Gabriel García Márquez en Cien años de soledad, pero la noticia roza el surrealismo de una obra de ficción. Si visita Buenos Aires, debería saber que la siguiente información no es una broma. Algunas tiendas porteñas tienen en el frente de sus locales un cartel que informa “liquidación por robo”.
Uno de los locales que ya colgó el cartel, es la zapatería propiedad de Mauro Luna quien el pasado 16 de julio encontró su tienda absolutamente destruida.
Los delincuentes robaron 500 pares de zapatos y su dueño no pudo afrontar las pérdidas económicas causadas por el siniestro. Luna declaró a la policía que los ladrones ingresaron a su local por la madrugada, tras romper la cerradura con una barreta. El saldo del robo para su propietario es la incertidumbre. Además de la crisis económica que afecta duramente a los rubros de calzado e indumentaria, se sumó el padecimiento de este delito que provocó esta eventual liquidación y su propietario ha declarado que todavía no sabe si el local continuará abierto. La zapatería, ubicada en el barrio de la Recoleta, tiene una historia de cuatro décadas en el rubro y no es la primera vez que padecen las consecuencias de la delincuencia. Hace una década atrás el local se encontraba ubicado en la esquina de Malabia y Córdoba, y decidieron mudarse de barrio por los permanentes robos que padecían en el día a día.
Hoy parece ser que ninguna esquina porteña está a salvo de la crisis ni de la inseguridad. A pesar de la negación permanente sobre la suba abismal de precios en todos los rubros y la férrea creencia oficial que la inseguridad es una sensación o un fantasma que asusta pero no muerde, la realidad demuestra lo contrario.
Para los argentinos no hay espejismos, saben dónde están parados. El ejemplo de la zapatería que se ve forzada a “liquidar por robo” es toda una paradoja de la realidad nacional. Un país que atravesó saqueos civiles y estatales, robos a la corona, rodrigazos, corralitos, corrupción en todas sus esferas; y luego la impunidad de la mentira, a la que las patas les crecen todos los días.
El refrán dice “miente, miente, que algo quedará”, y hoy este dicho popular es toda una razón en sí misma para convencer a quienes ven caer su calidad de vida y quizá quieran creer que su realidad es “obra del destino” o de su propia “mala suerte”. Los contextos son dueños de la realidad histórica. Hoy Buenos Aires se parece a Macondo, aquel lugar que García Márquez inventó como un sitio en el que cualquier cosa podía pasar por obra y gracia de poderes mágicos. La realidad podía inventarse, una situación que muchos argentinos eligen creer porque las opciones no son una opción.
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